Design Week México es uno de los eventos de diseño más importantes de América Latina. La versión de este año – la número 18– comenzó el pasado 8 de octubre y Chile es el país invitado gracias al trabajo de la Mesa de Internacionalización del Diseño, integrada por el Ministerio de las Culturas, DIRAC, ProChile, Imagen de Chile y la Embajada de Chile en México.
Una de las particularidades de este evento es “Visión y tradición”, un programa de residencias colaborativas cuyo objetivo es proyectar el diseño contemporáneo latinoamericano y, a la vez, generar lazos entre creativos locales e internacionales fortaleciendo los oficios tradicionales de México.
En concreto, las residencias consisten en un trabajo conjunto entre diseñadores y maestros artesanos de distintos estados mexicanos. Durante siete días, ambos dialogaron, conocieron y aprendieron nuevas técnicas y formatos para luego crear un objeto artístico; todos ellos están siendo exhibidos hasta el 1 de noviembre en la media luna del Museo Nacional de Antropología de México, uno de los espacios culturales más emblemáticos del país.
Entrevistamos a los cinco chilenos que, luego de una convocatoria abierta, fueron seleccionados para participar en el programa “Visión y tradición” y conocer su experiencia en la Design Week México 2026: Rodrigo Bravo Ferretti, Paula Corrales, Raúl Hernández Tralma, Camilo Huinca y Catalina Zarhi.
Rodrigo Bravo Ferretti
El diseñador, fundador y director de Bravo Estudio, oficina dedicada al diseño de objetos y mobiliario, realizó su residencia en la localidad de Temozón Sur (Yucatán) junto a Eric Domínguez, del taller de piedra CADE, donde trabajaron con una de las piedras típicas de la zona: la crema maya. Su color marfil y vetas café claro –y que al pulirla logra un acabado perfecto– hace que se la conozca como “el mármol de la región”.
“Decidimos desarrollar piezas de mobiliario de exterior que tuviesen un carácter y definieran una aproximación asociada a la escultura por formato, escala y geometrías. La crema maya es una piedra muy dúctil, de una dureza media-alta, digamos, que también tiene mucha voluntad para poder habitar en el exterior, considerando sus propiedades físico-mecánicas”, cuenta Bravo, quien destaca otro aspecto de la residencia:
“En términos humanos fue muy interesante conocer a Eric, el contexto en donde él se mueve; la cultura maya, la geografía de Yucatán y cómo todo eso también incide en la manera en que él trabaja”.
Paula Corrales
“México tiene una gran riqueza en sus producciones locales y saberes tradicionales cuyas escalas productivas son muy distintas a las que conocemos en Chile”, dice la diseñadora de objetos Paula Corrales, que desde 2018 dirige Lamps from Chile donde también trabaja con artesanas chilenas co-creando los productos de la marca.
Realizó su residencia en Jalisco junto a Consuelo Cervantes, artesana y pionera del trabajo en crin de caballo, que al trenzarlo logra construir superficies textiles de gran formato.


“Observé profundamente su manera de trabajar, hice preguntas y, a partir de sus propios conocimientos y respuestas, fuimos identificando nuevas líneas de experimentación”, cuenta Corrales. El resultado de ese proceso fue “Entrelazadas”, una serie de luminarias.
Raúl Hernández Tralma
Trufquén nació luego de que Hernández, su fundador, pensara cómo podían convivir dos materias opuestas, vidrio y greda, en un mismo objeto. Luego de años de prueba y error, el diseñador entendió que la unión no era química sino mecánica.
Esta edición de la Design Week México, dice, le sirvió para probar en otro país la metodología con la que trabaja hace años: cruzar oficio artesanal y materialidad local bajo un proceso de investigación propio.


“Trabajé con Juan Pedro López, maestro alfarero de Amatenango del Valle, en Chiapas, una comunidad tzeltal conocida por su alfarería figurativa. Fue una experiencia humana muy significativa para los dos. Con él retomamos la línea original de investigación de Trufquén, la unión entre greda y vidrio soplado”, cuenta.
El diálogo fue sobre todo técnico, explica. Es decir, entender un barro que era desconocido para él y cómo se cruza con la lógica de unión mecánica que investiga hace años.
Camilo Huinca
Huinca (Onlyjoke) ya suma diez años de residencias y viajes a México. Cada experiencia, dice, ha estado vinculada a objetivos y momentos distintos de su carrera.
“Mis experiencias más recientes han coincidido con una transformación de mi práctica: desde mis comienzos como ilustrador hacia una búsqueda más relacionada con el arte, la escultura y el mobiliario. En Mexico Design Week el foco estuvo precisamente en expandir esa práctica, conocer nuevas materialidades y explorar el cruce entre técnicas artesanales tradicionales y un lenguaje contemporáneo”, explica.


La residencia de Huinca fue en Uruapán (Michoacán), en el taller Saint Phalle, donde aprendió la técnica del maque, un oficio ligado a la cultura purépecha que mezcla tierras, pigmentos y aceites. Con ello realizó lo que define como una especie de silla o trono.
“Para mí fue especialmente interesante poder llevar esta técnica hacia un objeto que dialoga con el trabajo que estoy desarrollando actualmente en torno al mobiliario y la escultura.
Lo más valioso fue ese cruce de experiencias: acercarme a un oficio que arrastra una historia, un territorio y una manera muy particular de entender los materiales, y al mismo tiempo poder aportar desde mi propio lenguaje y desde una mirada contemporánea. Entendí cómo estos conocimientos pueden seguir vivos, transformarse y encontrar nuevas posibilidades sin perder la historia que cargan”.
Catalina Zarhi
“En Chile hay mucho talento y una manera particular de trabajar con diferentes materiales, desde una mirada contemporánea pero también muy conectada con nuestras raíces y territorio. Me parece muy interesante poder llevar esa identidad a un contexto internacional”, opina la ceramista Catalina Zarhi sobre la presencia de Chile en la Design Week México, cuyo trabajo se ha destacado de manera internacional: la contactaron desde Ikea para formar parte de la colección ÖMSESIDIG, que se vendió en más de 60 países.


Su residencia fue en Mata Ortiz (Chihuahua), un pueblo rural de unos mil habitantes y donde gran parte de ellos trabajan con cerámica: “Entrabas a las casas y toda la familia estaba modelando y pintando; la mamá, el papá y los hijos. Era algo precioso y único de ver”, cuenta Zarhi, quien trabajó ahí junto al artesano Alan Cano.
Ambos realizaron un gran cuenco de cerámica que Cano pintó a mano con iconografía contemporánea de la cultura paquimé, una colaboración que no siempre fue sencilla:
“Normalmente no trabajo con colores fuertes, prefiero una paleta de tonos cálidos y naturales, donde la textura, la luz y la materialidad tengan protagonismo. Por eso fue un desafío incorporar dibujos en las piezas, sobre todo en una zona con tanta información en sus diseños. Al principio fue difícil, pero luego fui apreciando la historia del pueblo y sus raíces”.


