*Publicada originalmente en junio de 2013.

El entorno, la arquitectura moderna, la decoración sesentera, los revestimientos de durmientes… Todo tiene carácter en la casa del arquitecto Cristián Marino y de la paisajista Elisa Vicuña. Un lugar donde, a ratos, uno se siente en el sur o incluso en algún destino tropical.

En invierno, por debajo de esta casa corre agua; su vecino más próximo es el cerro Manquehue; desde el interior, la vista es a través de las copas de los peumos y quillayes; y el hall que cruza la casa tiene una jardinera de musgo, camelias y pittosporum. La naturaleza no puede estar más integrada en esta construcción levantada en lo alto de Santa María. Si no fuera por la vista impresionante al valle del Mapocho, uno olvidaría que está en medio de la ciudad.

El arquitecto Cristián Marino y la paisajista Elisa Vicuña le pusieron el ojo a este sitio hace siete años, cuando todavía estaban pololeando. Inmediatamente se transformó en una obsesión y aunque tenía varias restricciones constructivas, persiguieron el terreno hasta conseguirlo. Sin embargo, el verdadero desafío vino después, cuando empezaron a construir en un lugar con pendiente, con una quebrada y sin camino. “La casa fue bien hecha a mano, andábamos con los pantalones embarrados, los maestros subían las vigas a pulso… A ratos la hemos odiado, pero ya estando acá, todo ha valido la pena”, comenta Elisa. En noviembre llegaron a instalarse con sus dos hijas, la mayor de dos años y medio y la menor de meses.

La pareja comparte el mismo buen gusto y tenía claro lo que quería. “Nuestra idea era una casa de arquitectura moderna, con harto verde, que recordara en algo a una cabaña de campo”, cuenta Elisa. Después de varios meses de trabajo, en los que se preocuparon de intervenir lo menos posible el terreno y de no botar ningún árbol, el resultado es una casa de estructura de fierro, construida sobre pilotes, compuesta por dos módulos rectangulares unidos por un pasillo que hace de puente sobre la quebrada, y en la que predomina el uso de materiales nobles como piedra y durmientes.

Por dentro todo es amplitud y los revestimientos de madera aportan calidez a cada pieza. El núcleo de la casa es el living, el comedor y un bar: un espacio de carácter minimalista, con reminiscencia a la arquitectura de los 60 y con una decoración justa y muy acorde con el resto de la casa. Clásicos del diseño de los 50 y 60 como las sillas Tulip de Saarinen en el comedor, la Lounge Chair de los Eames en el living, la lámpara Arco de los hermanos Castiglioni, y la Mesa de Café de Noguchi, le dan carácter al lugar. “Amoblamos con pocos elementos pero son todos objetos a los que les tenemos harto cariño”, cuenta Elisa. El resto de los muebles como el sillón, el bar, las repisas y la cocina, fueron diseñados mediante un sistema constructivo inventado por Cristian.

“Se trata de una técnica que partió de la idea de reciclar maderas”, dice el arquitecto. “Es un proceso muy versátil que permite hacer a medida desde maceteros, hasta parrones y revestimientos. Además impide torceduras en la madera, lo que soluciona uno de los principales problemas de su uso en exteriores”, agrega.

Otra de las gracias del lugar es la continuidad que se produce entre el interior y el entorno. Nada entorpece la vista que enmarcan los ventanales: los balcones tienen vidrios a modo de barandas, y en vez de cortinas, unas celosías de madera, también diseñadas por el arquitecto, se corren a través de rieles para proteger del sol cuando se necesita.

El jardín que da hacia el cerro lo transformaron en una terraza donde además hay una piscina con bancas de piedra en obra y una mesa con un fogón. Con el Manquehue de fondo como una extensión del patio, es el lugar ideal para pasar las tardes más cálidas. Y el broche de oro es el quincho bajo la casa, el chiche de Cristián y el sueño de cualquiera que le gusten los asados: una parrilla y un disco, rodeados de una barra de granito negro y con una televisión que aparece al abrir un clóset de la pared. Es que en este lugar, todo está pensado para aprovechar al máximo el privilegiado entorno que lo rodea.