Ubicado en el Valle del Elqui, este hotel busca que sus huéspedes sumen paz, felicidad y memorias para atesorar y recordar. Su interiorismo, arquitectura y entorno no sólo ayudan con este propósito, sino que lo hacen infalible.

Concebido como un lugar para recordar, los dueños de CasaMolle, Marisol Geisse y Karim Daire, decidieron emprender con este hotel después de una larga pausa en sus vidas, en la que se dedicaron a recorrer el mundo y a atesorar memorias, motivaciones y energía. Así, en septiembre de 2017 inauguraron este espacio ubicado en el Valle del Elqui y a sólo 25 kilómetros del aeropuerto. “Quisimos transformar nuestra casa de fin de semana en un hotel y así poder compartir este rincón tan querido por nosotros”, nos cuentan.

Después de cuatro años de trabajo, en los que se aventuraron sin un master plan, sino más bien guidados por el instinto, abrieron las puertas de CasaMolle, cuya arquitectura a cargo de Aníbal Núñez rescata los recursos propios del entorno, como totora, brea, piedra, maicillo y adobe. Por dentro, este hotel sigue la línea del valle en el que está inmerso, con colores tierra y pasteles, texturas orgánicas como lino, algodón y sisal y materiales nobles y sencillos, como la madera y el mimbre. El resultado: un lugar muy genuino y encantador que rescata, según sus dueños, los principales episodios de la cultura regional prehispánica y mestiza, además de los materiales vernáculos del Elqui.

Con 24 habitaciones y un concepto all inclusive, aquí lo más importante es que el huésped sea –como dice Marisol, su dueña– atendido con alegría, cariño, entusiasmo y mucha dedicación. “Nuestro sello, y lo digo con mucho orgullo, está en los detalles, esos que encantan, enamoran y emocionan. Este hotel fue pensado para todo aquel que no sólo quiera vivir, sino sentirse vivo”.

La gastronomía es uno de esos complementos que hacen de la estadía en CasaMolle, inolvidable. Principalmente mediterránea, aquí ofrecen una cocina auténtica y de alta gama, la que preparan con sabores y productos regionales. Para ello, cuentan con una huerta propia, desde donde cosechan productos orgánicos, árboles frutales y hasta tienen gallinas felices.

Los panoramas aquí son infinitos, desde cabalgatas, trekking, bicicleta, senderismo y astro observación, hasta paseos a los pingüinos de Humboldt en Chañaral a bordo de un helicóptero.  Ahora, si la idea es no moverse, cuentan con un spa con piscina temperada, salas dobles para masajes, terapias en tina, peluquería, gimnasio y seis hot tubs al aire libre, además de una circunferencia de cuarzo para diferentes terapias individuales o grupales bajo los famosos cielos de este valle.

Según Marisol, elegir CasaMolle es escoger calidad, buen gusto, tranquilidad, paz y felicidad. “Es elegir quedarse, ser parte, vivir y soñar para luego recordar y atesorar”.

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