La vida y la convivencia en familia es una de las cosas más valiosas a las que hemos sido forzados por esta pandemia. Por ello, quisimos hacer un homenaje a todas aquellas familias de nuestro país que jamás han roto ese lazo, clanes que generación tras generación se han transmitido y desarrollado juntos un oficio… desde los rincones más lejanos de nuestra tierra.

En nuestro país existe un rico patrimonio humano y cultural que pocos conocen: familias que, de generación en generación, han ido conservando y desarrollando un mismo oficio, transmitiéndose unos a otros sus secretos y sabiduría de vida; la práctica y adaptación necesaria al entorno y territorio en el que cada grupo nació y creció.

Así, por ejemplo los Loiza Sánchez, pastores de Guallatire, a más de 4.000 metros de altura en la frontera con Bolivia; los Estica Frías, danzantes devotos de La Tirana; los Díaz Nahuel, clan mapuche de la Isla Huapi; los Rojas Ahumada, músicos de La Serena, o los Chávez Carrazana, cuidadores de la iglesia de Chiu Chiu, han traspasado sus conocimientos de padre a hijo, de abuela a nieta y así, a sus descendientes en un largo tejido ancestral unido por el amor a un oficio y la dignidad de una labor que los enorgullece y une a su tierra.

Estas familias, además del entramado sanguíneo, están ligadas no sólo a un mismo lugar de origen, sino también a un mismo trabajo, que va desde el tejido a la música, desde el pastoreo al comercio, desde la cerámica a la construcción, todos con la marca indeleble de su linaje y fuerza vital.

Inspiradas por el poder de cada una de estas historias, la periodista Aleka Vial junto a la fotógrafa Ana María López, realizaron una investigación en torno a las familias de Chile, recorrieron el país de norte a sur y se internaron en los lugares más remotos de nuestra tierra para dar con verdaderas leyendas que les develaron sus recetas, secretos e historias de vida. “A través de este trabajo logramos recolectar relatos que permiten admirar la creatividad humana, el esfuerzo, la perseverancia y la humildad de nuestros compatriotas”, comenta Aleka.

Un trabajo que realizaron hace ya un buen tiempo, pero que hoy nos parece más atingente que nunca, ya que les permitió conocer y retratar a unas 20 familias unidas por la tierra, la naturaleza y el trabajo cotidiano en un mismo oficio generación tras generación.

Según Aleka, además de descubrir un Chile fascinante, diverso y profundo, asegura que el resultado terminó siendo aún más grande que el proyecto original. “Nuestra expedición se transformó finalmente en un rescate patrimonial en el que se reveló la sabiduría ancestral de nuestro pueblo, su belleza, ritos, tradiciones y ceremonias. Un Chile de familias delicadas, preciosas y sensibles. Un tesoro oculto e íntimo que nos acoge como una madre, cuna y cosmovisión, y donde se gesta nuestra memoria y amor fraternal”.