1. La relación del edificio con el paisaje: el río Mapocho y el anillo montañoso
Emilio Duhart definió esta obra como una casa y monumento. Para muchos es también una “escultura recorrible” que se integra al territorio donde se encuentra emplazada: su horizontalidad está en armonía con el valle y la verticalidad del “caracol”, la torre cónica, se funde de tal manera con la cordillera que parece una montaña más. Por otro lado, los muros del zócalo hacen referencia a los tajamares del Mapocho y en ciertas secciones del complejo se utilizaron bolones de piedra provenientes del mismo río.
Al mirar el edificio de frente, o al subir a su Mirador de Los Andes, es posible apreciar con claridad cómo la obra se encuentra abrazada por un anillo montañoso –la cordillera al oriente y cerros característicos como el Manquehue al norte–, el valle hacia el sur y el río Mapocho al poniente.

2. El hormigón en un edificio que “flota”
En numerosas investigaciones, estudios y referencias a esta obra, se destaca la “audacia” de Duhart al idear la solución estructural para este edificio construido en hormigón.
El manejo del material fue vanguardista para la época, con innovaciones que permitieron el comienzo de técnicas que se siguieron usando años después, como el pre y postensado del hormigón para hacerlo más resistente y a la vez impedir grietas y nuevos recursos de amortiguación (las actuales “juntas de dilatación”), entre muchas otras que explican por qué la obra de Duhart es un símbolo del desarrollo de su época.
3. Los 28 pilares que sostienen el piso principal
El diseño de Duhart para el edificio de la Cepal se distingue por sus características del movimiento moderno, guiños a Le Corbusier y un gran esfuerzo técnico.
El arquitecto proyectó un anillo de oficinas sostenido por estos 28 pilares, lo que crea la ilusión de que el edificio “flotara”, y los que ayudan también a reducir los movimientos sísmicos ya que desde ellos nacen los tirantes de acero que afirman los niveles superiores.
Debido a estos 28 pilares, la familia de Emilio Duhart solía decir que el edificio de la Cepal era “el partenón”.

4. «El caracol»
Es el elemento más distintivo del edificio de la Cepal. Diseñado por Duhart, se inspiró en el movimiento moderno y tiene relación con el Capitolio de Chandigarh, India, de Le Corbusier, aunque con una diferencia importante: su paseo arquitectónico, posible gracias a la escalera que recorre el módulo por fuera, terminando en el Mirador de Los Andes.
En este trayecto se vive además una experiencia pedagógica ya que ahí se encuentran los 48 bajorrelieves que cuentan la historia de América.
5. Los 48 bajorrelieves
Realizados por Alberto Montealegre y supervisados por Emilio Duhart, fueron grabados en el muro exterior del “caracol” y simbolizan la historia del continente hasta la inauguración del edificio: el primero, una fogata, representa la cueva de Fell, el rastro más antiguo de vida humana en el continente. Este bajorrelieve se encuentra en el nivel casi subterráneo del caracol donde su oscuridad y forma es similar a una cueva.
El recorrido finaliza con un dibujo que representa la explosión demográfica, como uno de los desafíos de las nuevas ciudades. Este último símbolo da paso al Mirador de los Andes, la terraza del caracol donde se aprecia el anillo montañoso, el río Mapocho y una vista representativa del trabajo de la Cepal: la ciudad y sus habitantes.

6. Diplomacia y arquitectura: la sala Raúl Prebisch y la sala Celso Furtado
Ubicadas dentro del caracol, la primera es el principal espacio de reunión del edificio, con capacidad para 350 personas. En su interior se encuentran dos elementos que simbolizan el sol y la luna: una entrada de luz natural calada en una lámina de hormigón (sol) y un gran plafón superior de lona cubierta con fibra de vidrio (luna) que funciona como acondicionamiento acústico. Ambos permiten que se den las condiciones básicas de la experiencia diplomática: ver y ser vistos, hablar y ser escuchados.
En la segunda sala, para 300 personas, sus materiales, tamaño y diseño está pensado para favorecer el diálogo diplomático, tanto así que no es necesario el uso de micrófonos.
Ambos salones tienen el mismo equipo técnico y mobiliario y fueron acondicionados con donaciones hechas por distintos países, como el cedro rojo donado por Paraguay para los muebles, y las alfombras donadas por Ecuador.
7. La teja invertida de hormigón
Ubicada sobre la entrada principal, es una referencia a las tejas cerámicas de la casa tradicional chilena del Valle Central.
Fue diseñada por Duhart como una marquesina cóncava de doble curvatura que sobresale de la fachada del edificio, rompiendo con sus líneas. Se sostiene sólo en dos puntos sobre dos vigas de hormigón proyectadas perpendicularmente.
8. El muro de manos
Uno de los elementos más relevantes para la Cepal. Ubicado a la derecha del acceso principal, son las manos de las cerca de 600 personas que trabajaron en la creación y construcción del edificio.
Luego de los discursos pronunciados en la inauguración de éste, el 29 de agosto de 1966, las autoridades presentes –el Presidente Eduardo Frei Montalva, el Secretario General de Naciones Unidas U Thant, y el Secretario Ejecutivo de Cepal, José Antonio Mayobre– estamparon sus manos junto a las de trabajadores, arquitectos e ingenieros. Luego, cada bloque se instaló de manera aleatoria y sin ninguna jerarquía, simbolizando los principios fundamentales de la institución: igualdad, trabajo colaborativo, democracia y pluralidad.

9. 4 patios, 4 zonas geográficas chilenas
El Patio de honor o Gran patio, el Patio del Valle Central, el Patio Verde y el Patio de cactáceas se encuentran al interior del complejo y están interconectados entre sí, nuevamente una referencia a la casa tradicional chilena. Cada uno de ellos representa distintas zonas geográficas del país, sus climas y flora nativa.
Originalmente Brasil donaría el diseño de los jardines, a cargo de Roberto Burle Marx, pero la idea no se logró llevar a cabo por lo que Lulú Pali de Quintana, casada con el entonces secretario ejecutivo Carlos Quintana, se hace cargo del diseño con la asesoría de la paisajista María Santa Cruz.

10. La escalera principal
Se pensó no sólo como un elemento funcional que conecta diferentes niveles, sino además como un recurso que permite sentir el clima del Valle Central.
Originalmente la caja de la escalera estaba abierta, permitiendo que entrara la lluvia, la cual se drenaba mediante piedras ubicadas en el inferior, similar a un cauce natural.
La escalera tiene un cerramiento de tubos de bronce y su revestimiento cerámico del interior fue donado por México.

