Ubicado en el norte de Brasil y en las cercanías de la selva, este colegio se erigió como uno de los edificios más destacados del país, gracias a su construcción sustentable y con técnicas típicas de su zona.

Ganador del premio internacional RIBA en 2018, Children Village (2017) es una de las obras arquitectónicas más alabadas de Brasil. Ubicado en el norte del país, al borde de la selva, fue proyectado por Aleph Zero y Rosenbaum. El complejo educativo es un modelo de excelencia en diseño y su construcción fue una verdadera ambición de arquitectura.

Children Village da alojamiento y educación a 540 niños de entre 13 y 18 años, asistentes a la Escuela Canuanã. La gran mayoría de los alumnos viajan de zonas alejadas, que incluyen hasta viajes por agua. El encargo fue de la Fundación Bradesco y es uno de los cuarenta colegios que brinda educación a comunidades rurales en las cercanías de Formoso do Araguaia.

Los creadores del proyecto trabajaron muy de cerca con los estudiantes para así estar al tanto de sus necesidades. Se dieron cuenta que lo que querían era un verdadero hogar a pesar de estar lejos de sus casas, donde pudieran sentirse independientes, pero parte del lugar.

Así fue como se transformaron los antiguos dormitorios para cuarenta niños, en 45 piezas que albergan a seis y se construyeron espacios comunes amplios dedicados al estudio, la entretención y el descanso.

Uno de los principales desafíos fue lidiar con el clima selvático. Con más de 40° C en verano, los arquitectos crearon un gran techo de toldo confeccionado con vigas de madera y columnas que entregan la sombra necesaria para combatir las altas temperaturas del clima tropical.

Son más de 25 mil metros cuadrados divididos en dos complejos iguales, que separan a niños de niñas, que era parte de la organización del colegio desde antes de su remodelación. La zona de las habitaciones cuenta con tres grandes patios abiertos en cuyo primer piso hay diferentes espacios comunitarios flexibles, donde los niños pueden relajarse y jugar: desde áreas de lectura hasta hamacas.

Otro de los grandes desafíos al idear Children Village fue construirlo en su totalidad con recursos y técnicas locales, lo que además lo convirtió en un proyecto de bajo costo y que conversa con su entorno sin irrumpir en su geografía.