Arquitectura

Cristián Valdés, un mundo de honestidad, recuerdos y sabiduría

La periodista Katerina Kliwadenko es parte del equipo creador de la docuserie original ED Inspira y en esta segunda temporada pudo visitar la casa del arquitecto Cristián Valdés y entender más acerca de sus procesos e historia. Aquí, un recorrido por esta construcción y también por su forma de pensar.

La casa del Premio Nacional de Arquitectura 2008 Cristián Valdés, diseñada por él en 1967, es uno de sus orgullos. Y para conocerla de verdad, lo primero que hace Valdés es ir al patio, para poder recorrer todo el exterior y, desde ahí, mostrar lo que él llama “la imagen” de la casa entera

A sus 91 años, mueve con agilidad una parrilla grande para poder pasar y salta un muro de medio metro hacia la zona baja del jardín. Rodea la casa y entra por una rampa: «Me hacía sentido poner una rampa. ¡Qué aburridas son las escaleras!», dice mientras sube. Al final, donde aparece un muro curvo, abre la pequeña puerta de madera que es el acceso a la casa.

Como toda su obra, incluidas las sillas que ha diseñado, que son un icono, esta casa podría haber sido construida ayer. La atemporalidad de sus proyectos es su sello y algo que explica se da debido a que las formas no fueron buscadas. “Las cosas tienen un origen y hay que ser fiel a ese origen para que la cosa sea real, sea un cuerpo, sea evidente, sea vida y no sea una contradicción, no sea un capricho, un formalismo, o una forma”, reflexiona.

Lo primero que construyó en esta casa fue la estructura, montada sobre altos pilares que le permitían ver la Cordillera de Los Andes y Farellones. Un esqueleto que luego fue rellenando con diferentes materiales: ladrillos, concreto y madera. 

La casa es un enorme corredor que se puede ver de principio a fin. «Todos estos muebles se mueven. Antes no teníamos nada, estaba todo abierto, pero cuando los niños fueron creciendo fuimos separando algunos espacios». Y fue en ese espacio donde crecieron sus cinco hijos, de los cuales dos, Sebastián y Tomás, se dedican hoy también a los muebles. 

Para él, el recorrido del sol es muy importante y eso se ve en la casa: la luz va recorriendo los distintos espacios a medida que avanza el día. Partiendo en su habitación, donde le gusta desayunar junto a Paulina, su mujer; a medio día en el centro, donde le gusta sentarse a leer y luego, por la tarde, en el comedor, donde se sientan a cenar. «Esta situación, un poco de pasillo de la casa, que se puede usar todo el día, le da mucho uso, la hace más grande», dice. 

La mayoría de sus amigos se hicieron grandes casas que tuvieron que vender cuando los hijos se fueron. La suya, en cambio, se ha ido adecuando a las diferentes situaciones de la vida. «Con la Paulina estamos solos, pero estamos felices en esta casa. Quizás la ves pobre y simplona, no está ni siquiera barnizada, pero cumple con sus leyes y eso la va salvando, aguantando en el tiempo», reflexiona.

En el segundo piso, que usan como sala de estar y tiene una agradable terraza, nos sentamos rodeados de varios de los muebles diseñados por Valdés, a repasar sus proyectos de arquitectura y conversar sobre la vida. Trae un libro de sus obras y nos va contando entre dibujos y planos, que cada casa tiene que ver con la condición del suelo, el clima y un recorrido. «Las casas no están sujetas a un capricho, están sujetas a una realidad, a una oportunidad y opción de colocarse en el espacio», explica. 

La casa que proyectó en Pirque fue pensada como la continuación de un cordón montañoso que llegaba hasta el terreno, inspirada además en las casas patronales de la zona central. En Santo Domingo, diseñó una casa en lo alto, porque desde el terreno no se veía el mar, solo se escuchaba. “Me subí a un árbol que había en el sitio y vi que a tres metros aparecía el horizonte del mar”, recuerda. Sus casas no son prototípicas, son casas que tienen situaciones particulares y que se van descubriendo de a poco en el territorio.

 

Los muebles Valdés

Sentados, él en el sillón CV y yo en el sillón H –ambos diseños de Cristián– le pregunto por sus muebles y me confiesa que le dan ganas de hacer “cosas más básicas, más peladas, más simples”. Cuenta que todo el proceso de los muebles no fue con una mentalidad de empresario, sino que son el resultado de una trayectoria de pensamiento.

Cristián continúa yendo todos los días a la fábrica para ver el proceso de las sillas, mejorar los prototipos y diseñar nuevas ideas. Hoy Muebles Valdés (@muebles.cristian.valdes) está tomando un nuevo rumbo con la llegada de un grupo de inversionistas que quieren internacionalizar los productos y conseguir una fabricación seriada perfecta para que todas las sillas salgan iguales al milímetro. Algo que hasta ahora había sido muy difícil en un proceso tan artesanal y con tantas personas o manos involucradas. 

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Todavía se acuerda de la mala experiencia que tuvo hace muchos años atrás, al intentar vender una de sus sillas en Nueva York y tener que armarla allá. “Recorrí Manhattan buscando un tornillo que no encontré y todo para venderla a 6 dólares de esa época”, recuerda. 

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Con la sencillez que lo caracteriza y un ego justo, dice que no piensa en lo que pueda pasar con la fábrica y los muebles cuando él ya no esté. “No depende de mí. Para mí han sido una entretención y una buena jubilación, cuando yo no esté ellos tendrán que decidir qué hacer”.

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