Arquitectura

En Curicó, una casa de madera que mira al valle desde la altura de los árboles

En los cerros precordilleranos de Curicó, Armstrong Arquitectos junto a Par Arquitectos diseñaron una casa de madera laminada organizada en torno a una quebrada natural. El proyecto aprovecha las vistas hacia el valle y utiliza patios interiores para llevar luz y vegetación al recorrido.

Para poder ver esta casa completa, hay que bajar. El acceso no revela todo de inmediato. Desde la parte alta del terreno comienza un recorrido en pendiente, entre vegetación y taludes verdes, que lentamente acerca la construcción hacia la quebrada que atraviesa el sitio.

Ese primer movimiento resume gran parte del proyecto desarrollado por Armstrong Arquitectos junto a Par Arquitectos en los cerros precordilleranos de Curicó: una casa que aprovecha la vista panorámica hacia el valle, pero que encuentra su carácter en algo mucho más cercano: la sombra y frescura de los árboles nativos existentes, generadas a partir de la integración a la quebrada y el pequeño arroyo que cruzaba el sitio.

Es esa misma condición la que redujo el área disponible para construir. La zona más alta aparecía como el lugar posible para ubicarse, con una doble oportunidad: mirar hacia el valle y mantener cerca la presencia del bosque. La respuesta llegó en forma de “L”, desarrollando la casa completamente en un nivel y ajustada a la altura de las copas de los árboles.

La distribución sigue esa misma lógica. Mientras las zonas más cerradas reciben el acceso y concentran recintos de servicio, las caras más abiertas del proyecto miran hacia el valle y la quebrada, una de las características que los mandantes buscaban conseguir en este proyecto. Los espacios comunes se orientan hacia las vistas más amplias. Los dormitorios, en cambio, miran hacia la quebrada, aprovechando una condición naturalmente más protegida.

 

Para evitar una sucesión demasiado lineal de habitaciones, el proyecto incorpora una serie de vacíos entre los espacios. Estos patios van interrumpiendo el recorrido, permitiendo que aparezcan entradas de luz, ventilación natural y nuevas vistas hacia la vegetación.

La estructura define gran parte del lenguaje de la casa. Se trabajó con madera laminada a partir de una repetición de marcos formados por vigas y pilares, un sistema que permitió acelerar la construcción y dejar la estructura visible como parte de la terminación final.

La luz que entra desde la cubierta fue pensada especialmente para los espacios de circulación. Más que pasillos tradicionales, aparecen pequeños momentos dentro del recorrido: lugares donde detenerse, leer o simplemente mirar hacia afuera.

Pensada como segunda vivienda —con la posibilidad de transformarse en casa principal—, hubo un espacio que terminó tomando más protagonismo del esperado: el quincho.

Ubicado como remate del área pública, conectado directamente con cocina y comedor, el quincho se convirtió en el lugar más usado de la casa. Protegido del sol, abierto hacia la terraza e iluminado desde arriba por una lucarna, terminó funcionando como el verdadero punto de encuentro.

El interior y el exterior fueron desarrollados por sus propios dueños. Él, artista y pintor, incorporó su trabajo dentro de la casa; mientras que el paisajismo mantuvo especies propias del lugar y sumó vegetación de bajo consumo hídrico.

Al final, la casa no se explica solo desde la vista al valle. También desde esos momentos más silenciosos: la bajada inicial, la sombra de la quebrada, los patios entre habitaciones y las pausas que aparecen en el recorrido.

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