Arquitectura

En Zapallar: Una ampliación que sigue el ritmo de la ladera

En una ladera de fuerte pendiente con vista a la bahía de Zapallar, esta ampliación proyectada por el arquitecto Ignacio Correa reformula una casa existente, reorganizando sus niveles, recorridos y espacios para adaptarse al terreno y al paisaje sin alterar su condición natural.

En una ladera poniente que mira directamente hacia la bahía de Zapallar, esta casa se asienta en un terreno de fuerte pendiente, donde conviven árboles nativos con otros introducidos que han ido apareciendo con los años. En ese lugar existía una pequeña vivienda previa, y fue desde esa base que el arquitecto Ignacio Correa abordó el encargo de ampliarla, reformularla y repensarla por completo, poniendo especial atención en cómo crecer sin alterar el equilibrio ya existente del sitio.

Pero el proyecto no se trató simplemente de sumar superficie. La ampliación vino acompañada de una reorganización total: accesos, recorridos y recintos fueron replanteados para que la casa pudiera adaptarse a la pendiente y a las vistas, sin forzar el terreno ni borrar su condición natural. La idea fue trabajar con lo que ya estaba ahí, entendiendo la ladera y la vegetación como parte activa del proyecto.

La casa se desarrolla en distintos niveles que se acomodan a la topografía, permitiendo abrir vistas hacia la bahía y aprovechar las orientaciones con una intervención medida. Esta secuencia de alturas es la que termina dando forma a la vivienda, haciendo que cada espacio responda a una condición específica del lugar y que el recorrido interior se sienta natural, casi inevitable.

En términos materiales, la propuesta se apoya en una combinación de madera, acero y hormigón. No hay intención de protagonismo desde la forma, sino una búsqueda por construir desde la sobriedad, dejando que sea el paisaje de Zapallar el que marque el carácter del conjunto.

Gran parte del trabajo estuvo en definir con precisión dónde apoyar la casa, cómo escalonar sus niveles y, además, en poder conservar los árboles del lugar. Las decisiones se fueron afinando a partir de las orientaciones y las vistas, removiendo el mínimo de superficie posible y permitiendo que la ampliación se integrara de manera coherente con la ladera y con el paisaje que se ha ido formando ahí con el paso del tiempo.

Pensada como una segunda vivienda, la casa tiene un marcado sentido familiar. Y es por eso que la decoración quedó en manos de la dueña de casa, reforzando la idea de un lugar vivido, cercano y flexible, donde la arquitectura entrega una estructura clara y la vida cotidiana termina de darle sentido.

Casa en Tres Alturas propone una forma de ampliar desde la observación y el respeto por el sitio, dejando que sea el terreno el que guíe las decisiones y defina, en última instancia, la manera de habitar Zapallar.

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