Arquitectura

En Zihuatanejo, México, esta casa buscó lo esencial frente al paisaje: suelo, techo y sombra

Rodeada por la selva, el mar y nueve árboles de cacalosúchil, Casa Malonic, de HW Studio, fue concebida como un refugio elemental que se abre al paisaje sin intentar competir con él.

El terreno de Punta Garrobo, en Zihuatanejo, México, tenía una presencia difícil de ignorar: el mar convertido en un horizonte infinito, una porción de selva, piedras, árboles, flores y una gran diversidad de seres vivos. Frente a un entorno así, la oficina mexicana HW Studio entendió que la casa no podía pensarse como un objeto separado del paisaje.

La respuesta fue reducir la arquitectura a lo esencial: un suelo, un techo y una sombra. Casa Malonic, terminada en junio de 2026 y con una superficie de 497 m², busca convertirse en un refugio bajo una cubierta que protege del sol y de la lluvia, mientras la naturaleza sigue presente alrededor.

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El horizonte funcionó entonces como el punto de partida del proyecto. El suelo refuerza esta relación a través del color y la textura, que evocan la arena de la playa, como si esta se prolongara bajo la sombra del techo, generando una continuidad entre el interior y el exterior.

El blanco de los muros también tiene relación con una de las características de este lugar: las flores de los nueve árboles de cacalosúchil que rodean la casa.

Y aunque la casa mira al exterior, desde la calle casi no se muestra. Solo se ve una gran estructura blanca, un muro curvo de hormigón, cuyo trazado sigue el camino y marca el límite entre el espacio público y el interior. La vegetación, las piedras y la topografía ayudan a mantenerla oculta mientras se avanza hacia ella.

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El recorrido desemboca en un patio circular rodeado por muros blancos. Allí el paisaje reaparece por encima de ellos: entran el cielo, la luz y las copas de los árboles. Este vacío interrumpe la estructura construida y hace que los muros dejen de sentirse como un cierre para convertirse en bordes que enmarcan el entorno.

La casa se organiza a partir de esa transición: desde la calle hacia el refugio, desde el refugio al patio y, finalmente, desde el patio al paisaje. Comienza como una construcción que protege y termina como una estructura abierta, definida casi únicamente por la sombra del techo frente al horizonte.

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