Ubicado en un pueblito rural cercano a Cochabamba, el Campus de Agronomía Bella Vista y su internado vecino fueron diseñados y construidos por un grupo de estudiantes alemanes que formaron parte de un programa de arquitectura social. Y es que más allá de la transferencia de conocimientos, el principal objetivo era abrirle nuevos horizontes a sus alumnos, todos provenientes de familias extremadamente pobres.

Considerada el corazón de Bolivia, la ciudad de Cochabamba está en el centro del país, en un gran valle entre la Cordillera de Los Andes. Con los años, la ciudad se ha expandido considerablemente reduciendo las tierras de cultivo, disminuyendo la actividad agrícola, gran motor y sustento histórico de la zona y su población. Por ello, el desafío que se impuso un grupo de alumnos del Instituto de Arquitectura de la Universidad de Berlín, dirigido por el arquitecto Ralf Pasel, en conjunto con la Fundación Cristo vive Bolivia, fue significativo. Hace cinco años y después de meses de estudio y trabajo, abrieron las puertas del Campus de Agronomía Bella Vista, una escuela rural en un pueblo andino que tiene como objetivo ofrecer nuevas oportunidades a sus jóvenes. “Nuestro propósito era brindarles alternativas a estudiantes de familias extremadamente pobres de Bolivia a través de propuestas y soluciones locales y eficaces contra la pobreza, considerando aspectos como la creciente urbanización y el éxodo rural propio del lugar”, comenta Pasel.

Para ello, entre el 2013 y el 2015 un grupo interdisciplinario de estudiantes alemanes proyectó un edificio educativo que consta de un trío de grandes volúmenes revestidos de ladrillos con techos metálicos, el que fue construido por obreros y con materiales de la zona. El éxito fue rotundo, tanto así que recientemente se acaba de inaugurar un internado para la escuela, pensado principalmente para todos aquellos jóvenes que tenían que viajar desde muy lejos para llegar a clases.

El nuevo edificio de 270 metros cuadrados es parte del Campus de Agronomía Bella Vista y ofrece no sólo alojamiento a alumnos y profesores, sino que además constituye una extensión programática de la zona agrícola, estableciendo un recinto y un concepto a gran escala. El líder del proyecto, Ralf Pasel, explica que actualmente hay 90 estudiantes que asisten a la escuela agrícola y 24 a la pensión, lo que para estos últimos constituye un tremendo privilegio, ya que pueden concentrarse más en los estudios. “La escuela y el internado adyacente forman un campus propio a pequeña escala, por lo que el aprendizaje y la enseñanza se han convertido en una forma de vida holística, ya que combina la cotidianeidad, con educación teórica, formación práctica y desarrollo de habilidades sociales”, agrega.

La construcción de 270 metros cuadrados se inspira en el edificio académico y en su planta rectangular cuenta, entre otros, con dormitorios, sala para profesores, cocina, recinto multiusos y baños individuales, además de un patio cerrado que sobresale. Por dentro los pisos de concreto, vigas de madera a la vista, puertas altas de vidrio y detalles como pantallas de bambú que dan sombra y privacidad, hacen de este lugar un espacio perfecto para el encuentro y el descanso.

Como explica Pasel, este campus ha atraído mucha atención a nivel mundial debido a su enfoque holístico de combinación teórica y práctica y también por su modelo de desarrollo de edificios autosuficientes con inclusión de energía solar y tratamiento de aguas residuales. “La arquitectura social es un problema creciente en el mundo, por lo que podemos aprender mucho de la experiencia boliviana, que incluye la comprensión de la naturaleza local, la sostenibilidad y la transferencia de conocimientos a través de la realización del proyecto”, concluye.