Corambre, la nueva exposición de Maite Izquierdo, es una experiencia totalmente sensorial

Inaugurada hace pocos días en la Sala de Arte CCU, Corambre es una muestra muy personal, que busca que sus espectadores puedan ver con las manos y sentir con el cuerpo.

Conocida por su trabajo con textiles, la artista Maite Izquierdo (@maiteizquierdoa) experimenta constantemente con las posibilidades de la tela: la cose, teje, raja, cuelga, amarra, tiñe y decolora. En Corambre, la exposición que acaba de inaugurar en la Sala de Arte CCU, esta relación se hace evidente. Corambre nace de la palabra curtiembre, que es el proceso donde se transforma la piel de un animal al cuero, lo que hace mucho sentido, ya que esta exposición deja a flor de piel el significado de transición y maduración. Para esta muestra, que Maite califica como muy personal y a la vez colaborativa, tuvo grandes conversaciones con psicólogos, teólogos, familiares y “gente que me ha contenido y yo he tenido que contener”, cuenta. 

Aunque su carrera como artista empezó con el grabado, por motivos prácticos –vivía en un espacio muy pequeño, que no podía ensuciar– Maite empezó con la costura. “Me gusta la maleabilidad y la significancia de la tela. Trabajar con textiles es trabajar con retazos de lo que somos. Trabajo con mucho material reciclado o en desuso y eso me hace sentido por la presencialidad de la materia que habla de memorias”, explica mientras recorre su nueva muestra.

El tema del tacto siempre ha estado muy presente en todas las obras de Maite Izquierdo; el ímpetu de su obra es “abrazar el espacio y a los espectadores”, por lo que esta idea de cobijo siempre ha ido en aumento en términos de escala. 

Durante la pandemia se universalizó la pérdida del tacto humano y quizás no nos dimos cuenta de la necesidad que teníamos de tocar hasta ahora que volvimos a hacerlo. “Esta muestra lo dice evidentemente, el público lo agradece y se dejan en el tacto, se evidencia esa capacidad de que podemos ver con las manos y sentir con el cuerpo”, comenta Maite. En Corambre todo está diseñado para ser tocado, con excepción de las cerámicas, que son más frágiles.

La exposición es una especie de laberinto con distintas estaciones: primero están los libros y en último lugar, un video; enormes paños rectangulares de sarga decolorada guían el camino de principio a fin y crean un espacio contenedor y abrazador. La iluminación, que estuvo a cargo de Jona Galaz, también juega un rol importante en Corambre, creando una sensación tenue, cálida y teatral, que tiñe la atmósfera con la paleta cromática de la muestra: colores piel, tierra y un toque de dorado. 

Dentro de las obras que se expondrán hasta el 11 de noviembre, se puede ver una serie de cinco libros que dan cuenta del proceso de tocar, son distintos tipos de textiles con hilachas y cavidades que representan los errores, las heridas y las cicatrices; el espectador puede experimentar todas estas posibilidades desde el tacto. Luego hay un autorretrato a escala, una impresión del rostro de Maite sobre seda y satín que juega con la transparencia de la tela. También está el manto de reparación que cuelga desde un gancho en el techo, que consiste en cuadrados de seda impresa con su rostro, codos, dientes y pelo, unidos por costuras doradas. Estas costuras aluden al kintsugi, una técnica usada en la cerámica japonesa que contempla el acto de sanación y se hace más importante una cerámica quebrada y reparada con oro que la cerámica nueva. Otra de sus series más llamativas son las cerámicas, que realmente son textiles sumergidos en pasta de porcelana. Tras la primera quema desaparece el textil y queda su gesto, una textura fosilizada, que luego, después de la segunda quema, adquiere su color y resistencia. 

Corambre es un proyecto a largo plazo que fue cuajando con el tiempo. Las piezas más recientes son los paños decolorados que elaboró este año, y la más antigua es el primer libro que hizo hace ya cuatro años. El resto de las obras las creó durante la pandemia.

“Yo diría que es una muestra que nos ayuda a transitar y a volcarse en experiencias que no tenemos diariamente, a las que nos cuesta llegar. Para los que vengan, es una muestra totalmente sensorial, no hay que pensarla, hay que sentirla”, explica Maite.

 

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