La artista Pilar Elgueta comparte reflexiones sobre su nueva exposición

Cada día, un nuevo fin de mundo es el nombre de la exhibición de la artista Pilar Elgueta, que estará abierta al público a partir de este jueves 7 de abril en la Galería NAC.

A través de instalaciones y el registro de acciones en diversos medios, la artista Pilar Elgueta (1989) ha reflexionado sobre la relación del hombre con el paisaje y su entorno. “Mis obras hablan de un futuro que se nos va con la corriente, de unos paisajes que se empiezan a arrugar y desaparecer, de teclas de escape del computador que empiezan a empequeñecerse”, dice.

Titulada de la Facultad de Arte de la Universidad Católica y ganadora del Premio MAVI/Minera Escondida Arte Joven Contemporáneo el 2015, la artista ha expuesto sus obras en distintos museos de Chile y en otros países como Francia, Alemania, Argentina y México. Cada día, un nuevo fin de mundo, es su primera muestra en la galería NAC. Ha sido un desafío hacer esta exhibición individual; trabajar en una galería es darle una nueva visión a esa obra más inmaterial y pensarla como un producto que también puede pertenecer al mercado del arte”, cuenta.

 

¿Cuál fue tu inspiración en esta exposición?

Esta es una muestra que abarca todo el trabajo y la reflexión que he tenido en los últimos dos años de pandemia, un periodo de crisis, cambio y sensación de incertidumbre. Esta oportunidad me permitió concluir y llevar a un formato exhibible estas obras de distintas técnicas, las que se unen como una respuesta visual conceptual a estos tiempos.

 

¿Cuáles son esas crisis?

La mayoría de mis obras hablan con metáforas y simbolismos más que con algo literal, pero en general muestran diferentes degradaciones o cambios sobre objetos, paisajes e imágenes. El registro de la balsa habla de estos mundos que se nos escapan, concepciones que percibíamos como inamovibles, que nos han hecho callar y observar que nada es permanente. Tenemos que estar en un estado más alerta y humilde a este mundo que no podemos controlar.

 

¿Cómo afectó la pandemia en el desarrollo de tu exposición?

En un principio el nombre de la exposición sería Cada día un nuevo fin del mundo y terminó siendo Cada día, un nuevo fin de mundo, no “del” mundo. Es importante especificar eso, no es el mundo el que se acaba, son varios mundos y capas que terminan todos los días y que quizás vuelven a empezar el día siguiente. El título se puede aplicar a muchos niveles, a conflictos de política internacional, de niveles de salud, de recursos naturales y de cómo cada día se volvió una rutina en la que hay catástrofes de distintas formas. Se transformó en algo cotidiano aprender a habitar en crisis, pensando que a partir de ella se puede construir, algo que antes era impensable, teniendo que adaptar nuestros sistemas y lenguajes a algo nuevo.

 

¿Por qué instalaciones?

Mi objetivo principal es que en mis exposiciones haya muchas voces visuales y elementos que representen de distintas maneras un tema. Las instalaciones han sido algo que ha ido apareciendo en mi carrera; empezó con el video y luego de eso me he ido enamorando de lo que es el objeto, el montaje, las estructuras y a darle la vuelta a los sistemas tradicionales de la instalación.

Estoy investigando otras piezas que hablan de diferentes obsolescencias aplicadas a sistemas humanos, a lo natural, a la degradación y al desgaste; un impulso un poco más político-ambientalista; también vinculado con las tecnologías que se han vuelto una prótesis y algo que nos llega a controlar. 

 

¿Qué esperas generar en el público?

Siempre hay muchos tipos de público y uno quiere llegar a todos, lo que es un desafío gigante, pero lo que espero es que logren sentirse identificados. Si bien la exposición habla de procesos personales, creo que en cierta forma también son colectivos. 

 

Cada día, un nuevo fin de mundo, estará abierta hasta el 7 de mayo en la Galería NAC.