En muy poco tiempo, el interiorista estadounidense Eric Egan fue capaz de diseñar una casa en Deep Water Bay para un matrimonio de coleccionistas con mucho cuento. Cuadros increíbles, esculturas de reconocidos artistas y obras de diferentes estilos, se mezclaron para lograr un espacio cálido y familiar, con un sello único.

Fue todo muy rápido. Los dueños de casa vivían en Deep Water Bay, un área residencial con vista al mar al sur de Hong Kong, cuando recibieron una llamada sorpresiva donde les avisaban que debían dejar su casa en un plazo de seis meses. Fue entonces cuando decidieron salir a buscar un lugar nuevo en el mismo barrio y llamar al diseñador estadounidense Eric Egan para que los ayudara con el interiorismo.

Ya habían trabajado juntos, Egan estuvo a cargo de la decoración de la casa de vacaciones que el matrimonio tiene en Umbría, Italia, que apareció en las páginas y la portada de ED en 2016 (ED 280). El diseñador, que nació en Chicago, pero vive hace más de 20 años en Italia, tiene su firma en Milán desde 2004 y otra oficina en Hong Kong desde 2017, y los dueños de casa llegaron a él por un amigo en común.

Sin embargo, este proyecto era totalmente diferente. La familia, compuesta por el matrimonio y sus cuatro hijos, vive en Hong Kong, pero los niños van a un internado en Inglaterra y la mamá viaja constantemente a visitarlos. Ella es amante del arte y él de la música; ambos son coleccionistas de obras y de libros, algo que se puede percibir en todos los rincones de su casa.

“Viajé a Hong Kong literalmente el día que me llamaron, fui a ver la casa nueva y decidimos qué teníamos que hacer para renovarla. Para los muebles teníamos que descifrar cómo adaptar todos los que tenían y hacer que se vieran incluso mejor en la casa nueva”, nos cuenta Egan desde Milán.

El desafío, dice el diseñador, era poder integrar en la decoración la gran cantidad de piezas de arte que tenían, todas de diferentes estilos, en una casa que mide 200 metros cuadrados menos que la anterior, sin que se viera llena, ni como una galería. Lo lograron.

La construcción de principios de los 90 fue modificada casi completamente por el equipo de Egan, en una remodelación que incluyó el revestimiento de las paredes con maderas, estanterías hechas a medida para los libros y una pared corrediza en la entrada que esconde una gran pieza secreta, donde toda la familia guarda sus zapatos. La casa tiene cuatro pisos, un subterráneo por donde se ingresa, un primer piso donde está el living, el comedor, el jardín y la piscina, y más arriba están las piezas.

Egan prefirió tratar todo el living como una gran biblioteca, y no tener el escritorio del marido escondido. Por un lado están los libros, mientras que por el otro un gran equipo de música y tocadiscos de la marca Micro Seiki. “Decidimos celebrar el amor del dueño de casa por la música, convirtiendo su equipo en el punto focal del living”. Además, ese mueble se utilizó como separación con el comedor, donde hay otras piezas de arte, como una escultura del artista británico Anish Kapoor, una de Las Meninas de Manolo Valdés, que fue hecha especialmente para ellos, otra de Les Lalanne, junto al biombo, y una lámpara inspirada en los cerezos florecidos de Tord Boontje.

Es que apenas uno entra a esta casa, se va a encontrando con tesoros: el gran cuadro del pintor español Juan Genovés, la banqueta del arquitecto George Nakashima y muchas obras del artista Jason Martin, que se pueden ver en el comedor, al lado del ascensor y en uno de los corredores. 

Además, se pueden ver elementos que incorporó el diseñador, como el perro de cerámica azul de la entrada, una escultura que es propia de la cultura china y que Egan ha ido incluyendo en todos sus proyectos. De acuerdo a la superstición asiática, en cada casa debería haber uno en la entrada para protección. El diseñador comparte el gusto por el arte con los dueños de casa y la teoría de que “si compras sólo cosas que amas, siempre encontrarán un hogar”.

“Esta casa está hecha de la misma forma que yo habría hecho mi propia casa. Y lo que me gusta es que yo también suelo estar en mi escritorio mucho tiempo y me encantan todos estos libros, que cuentan sobre su historia. Los libros que compras muestran la historia de quién eres”, asegura el interiorista.

Conocido por el trabajo en hoteles cinco estrellas que ha hecho con su firma, recientemente abrió el Mandarin Oriental Lago di Como, su último proyecto hotelero. Egan dice que lo que une todos estos proyectos es que buscan que los interiores se sientan relajados, que transmitan la personalidad de sus dueños y que haya muchos lugares donde mirar. “No somos minimalistas”, asegura.