Para quienes disfrutamos del diseño y la arquitectura, las exhibiciones que reúnen a ambos son siempre una gran fuente de inspiración. Y hay que tener la suerte de encontrarse con ellas: porque se viaja especialmente para visitarlas o, como me pasó esta vez, porque aparecen inesperadamente en medio de un viaje ya planeado.
Así llegué a CASACOR Rio. La muestra, que este año celebra 35 años y es una de las más importantes de la escena brasileña, coincidió con un fin de semana en Río de Janeiro. Nunca había tenido la oportunidad de conocerla y bastó comenzar el recorrido para entender por qué tiene tanta convocatoria.




Esta edición ocupa el Edifício Aliança da Bahia, un edificio modernista de comienzos de los años 60 ubicado en el centro de Río, frente al Palácio Gustavo Capanema, y recientemente recuperado. En su interior, la muestra se despliega en 47 ambientes distribuidos en distintos niveles, además de tiendas, cafés, bares y restoranes que acompañan el recorrido.
El tema de este año es Mente y Corazón, una invitación a pensar los espacios desde la memoria, el bienestar y las relaciones que establecemos con ellos. Pero más allá del concepto, recorrer CASACOR permite también descubrir, espacio tras espacio, la enorme riqueza del diseño brasileño.
Y talento hay muchísimo.




El color aparece sin miedo; los muebles de diseño nacional tienen un protagonismo evidente y la iluminación merece una mención aparte. Hay lámparas que, más que iluminar, funcionan como verdaderas esculturas. También hay arte, materiales naturales, textiles, piezas vintage y una búsqueda constante por combinar distintas épocas y referencias sin que los espacios pierdan coherencia.
CASACOR es de esas muestras que dan ganas de recorrer con calma. Entrar a un ambiente, mirar, volver atrás, fotografiar un detalle y detenerse a descubrir quién está detrás de cada proyecto. Cada uno construye su propia historia y, al mismo tiempo, funciona como una pequeña declaración sobre cómo queremos vivir hoy.
Hay livings, dormitorios, baños y cocinas, pero también lofts, estudios y propuestas más experimentales. El gran edificio termina funcionando como una especie de laboratorio de interiores donde prácticamente todos los rincones de una casa encuentran su propia interpretación. Y, como suele pasar en este tipo de exhibiciones, cada visitante va haciendo mentalmente su ranking: el espacio donde viviría, la lámpara o escultura que se llevaría, el color que copiaría o el mueble que querría tener.




Entre los nombres que participan este año aparecen figuras reconocidas de la arquitectura y el interiorismo brasileño, como Maurício Nóbrega, Bel Lobo, Jairo de Sender, Paula Neder y Gisele Taranto, junto a una generación más nueva de estudios y diseñadores.
Uno de los hitos especialmente interesantes del recorrido es el homenaje a Sergio Rodrigues, uno de los grandes nombres del diseño moderno brasileño. A pocos meses de que en 2027 se cumpla el centenario de su nacimiento, sus muebles reaparecen con fuerza dentro de la muestra. Piezas y referencias a diseños tan reconocibles como la poltrona Mole o el banco Mocho recuerdan hasta qué punto su trabajo sigue vigente décadas después.


Y quizás esa sea una de las cosas más atractivas de CASACOR Rio: esa convivencia entre nombres históricos, diseñadores consagrados y nuevas generaciones. No se trata solamente de detectar tendencias, sino de descubrir cómo el diseño brasileño sigue construyendo un lenguaje muy propio.


El recorrido termina, además, en una tienda que vale la pena visitar y que extiende un poco más la experiencia antes de salir nuevamente a la ciudad.
CASACOR Rio estará abierta hasta el 8 de noviembre de 2026, así que si tienen la oportunidad de estar en Río de Janeiro durante estas semanas, vale la pena incluirla en el recorrido. Las entradas se pueden comprar en el lugar y también hay espacios gastronómicos en el edificio, una buena excusa para tomarse la visita con tiempo.

