*Publicada originalmente en junio de 2017.

En su faceta más informal, el decorador Luis Fernando Moro nos muestra esta casa en Requínoa que hizo con un presupuesto acotado, pero con mucha visión. El resultado es un lugar relajado, de descanso, pero tan encantador como el.

 

“Enfrenté el proyecto como si fuera para mí”, se ríe Luis Fernando Moro en su departamento-oficina con una vista inigualable al Club de Polo. Un amigo cercano le pidió que remodelara esta casa de fin de semana en Requínoa, cerca de Rancagua. Sin mayores pretensiones, el decorador se puso manos a la obra y justo cuando creíamos que conocíamos su trabajo al revés y al derecho, nos volvió a sorprender. Parte del directorio de la Asociación de Decoradores de Chile, Moro es de los que sabe del tema en nuestro país. Más que consagrado, son muchos los que han acudido a él por su conocimiento y buen gusto. Sus stands en ferias de decoración nunca pasan desapercibidos, es imposible olvidarse de la ya famosa oficina de cartón que hizo para Casa Cor 2012.

Para destacar la arquitectura chilena de este proyecto, pintó de azul colonial el zócalo de toda la casa y las columnas de los corredores. Esa pintura, junto a los colores de la buganvilia y las hortensias, forman una postal única. Para el piso de afuera optó por unas cerámicas de un artesano local (antes era de cemento) y para todo el interior –incluidos dormitorios, baños, cocina y living– eligió baldosas Córdova. Los muebles son diseños de él y como el dueño tiene una afición por la artesanía precolombina, enmarcó varios de estos trabajos que luego puso en las paredes del living.

La idea era que el lugar fuese relajado, bien informal y fácil de manejar. Por eso, en vez de un comedor junto al living, puso una mesa de juegos y trasladó este espacio a la cocina donde los dueños hacen su vida. Con el color ladrillo de los muros, Luis Fernando logró un toque más colonial y como es ultra atento a los detalles, usó un durmiente viejo que estaba botado en la bodega como repisa y sobre ella puso todo tipo de cachureos logrando un rincón bien especial.

En medio de un campo de nogales, la casa es el lugar perfecto para descansar del ajetreo diario de la capital. A poco más de una hora de Santiago, los dueños van los fines de semana a desconectarse y a reencontrarse con la naturaleza. Las mejores tardes las pasan en torno a la chimenea –que es original de la construcción– o en la terraza junto a la piscina los días de verano en los que el sol pega bien fuerte. Y cada vez que puede Luis Fernando se escapa para allá también.

En 250 metros hay cuatro dormitorios: dos en suite y otros dos para invitados. La casa no tenía terraza, así que Luis Fernando extendió las columnas de madera de los comedores y bajo un techo de coligües armó un espacio funcional pero bonito: un mini living y una mesa de teca en donde la familia se reúne con sus amigos frente al lindo jardín que los dueños han mantenido intacto.

Lo que más le gusta al decorador es que esta no es una antigua casa patronal de cientos de años, pero sí conserva el espíritu chileno. Por lo mismo es una casa sencilla y que aunque “no tiene ninguna pretensión mayor de decoración fuera de que sea rica y cómoda”, es un lugar armonioso y vivible. “Mucha gente cree que yo no hago proyectos sencillos, a mí lo que me encanta es que esta es una casa que no tiene ni siquiera un gran presupuesto, y el conjunto da un ambiente rico y muy informal… El proyecto se trató de adaptar al espacio para vivir relajadamente y con encanto”.