Dos hermanos decidieron construir su casa dentro de un hotel. Cada uno con gustos diferentes, queda claro cómo el sello propio se apodera de cada espacio de esta genial forma de vivir.

El encargo no era sencillo: crear dos departamentos diferentes en un mismo edificio, y no uno cualquiera, sino que un hotel. Ubicado en Vitacura con Américo Vespucio, el Hotel Bidasoa, desde su remodelación, se ha convertido en un imperdible. Apenas se construyó el nuevo edificio, estuvo contemplado que algunos de los hermanos Sanz –dueños del hotel– vivirían ahí, por lo que los espacios estuvieron pensados desde el origen. “Vimos con cada uno de ellos las cualidades que querían priorizar. Uno privilegió los espacios interiores abiertos, y otro, los exteriores”, explica Kana Cussen, quien estuvo a cargo del interiorismo del proyecto, junto a Hugo Grisanti. Muchos de los muebles de este proyecto fueron comprados en Los Ángeles, lo que además le da un toque único a cada rincón.

BRILLANTE

El primer departamento es de la hermana menor, una viajera incansable que vivió mucho tiempo en California. Aquí el desafío era lograr un departamento cómodo y funcional, para que pueda ir y venir con total tranquilidad; esa sensación maravillosa de ponerle llave y olvidarse.

Aquí reina el mármol, los colores claros y los brillos sutilmente incorporados. Originalmente este espacio había sido pensado como la suite presidencial del hotel, sin embargo, la dueña decidió remodelarlo por completo y hacer de este lugar su casa. La gran condición que puso fue priorizar los espacios abiertos; aquí el living, la cocina, el comedor y el escritorio conviven sin divisiones. De esta forma logra trabajar en su laboratorio experimental de cocina sin moverse ni cambiarse de pieza, lo que va muy de acuerdo con su personalidad. Le gusta que todo ocurra ahí y que se genere un ambiente colaborativo.

MID CENTURY

En el segundo departamento vive una familia con niños, por lo que el encargo fue diametralmente opuesto a los otros, principalmente porque cuenta con dos plantas. La primera es abierta, perfecta para recibir, algo que suelen hacer bien seguido.

“El hecho de que haya niños condiciona los espacios. Se pensó en dos pisos. En términos de colores es mucho más vintage, un poco mid-century, con tonos más profundos, donde se ve la madera y el revestimiento de ladrillos, que es muy lindo. También hay un enorme mueble multipropósito, con todo lo que a ellos les gusta: música, libros, juegos, la televisión y todo lo imaginable. Se logró una mezcla bien entretenida. Es un espacio que te invita a estar en choclón, porque esta familia súper numerosa está acostumbrada a eso”, cuenta Kana.

La pieza de los niños es funcional y práctica, proyectada con líneas simples y colores más sutiles que el resto del departamento, aunque conviven perfectamente. Aquí se vive un ambiente familiar, donde suelen estar todos achoclonados, siempre listos para celebrar.