Embajada de la Chilenidad

Quince años se demoro Alfredo Moreno en restaurar esta antigua casona chilena del 1900. Pero el terremoto del 2010 la dejó por el suelo… Con constancia, la levanto nuevamente y la convirtió en el epicentro de su vida familiar y en un espacio donde pueden disfrutar juntos de su pasión por los caballos. Una embajada de nuestras tradiciones, que funciona a full todo el año.

El ex canciller Alfredo Moreno dice que no sabe muy bien cuándo le empezaron a gustar los caballos, ni de donde viene esa afición, pero le encantan. Por eso, a fines de 1991 decidió comprar una casa cerca de Talca y algunos animales, “al principio, para pasear”, dice. Pero no tardó mucho tiempo en descubrir que eran su pasión.

“Esa zona es muy de caballos, muy de rodeo, todas las personas, sean ricos o pobres, tienen el suyo, todos participan de alguna manera. Me entusiasmaron y empecé a participar, a meterme en la vida que está alrededor de ese deporte, porque ahí es súper diversa”, cuenta. Y el grado de entusiasmo fue tal, que decidió formar un criadero.

La casa que habían comprado con su familia era perfecta para hacerlo. “Buscamos mucho tiempo y nos enamoramos de este lugar”, cuenta. Lo que les gustó fue que, contrario a las antiguas construcciones chilenas, que eran encerradas hacia adentro, casi amuralladas, ésta tenía un concepto mucho más abierto; está en un alto a las orillas de un río, donde se ve todo el valle del frente.

La casa, que era parte de la hacienda Peñaflor, había sido construida en el 1900 y estaba deshabitada hace más de una década; cuando llegó a manos de la familia Moreno estaba muy deteriorada. Como era una propiedad tan grande, tuvieron que tomarse las cosas con calma, y planificar con cuidado cómo la iban a restaurar.

“Trabajamos con el arquitecto Patricio Díaz Fernández y armamos un programa muy a largo plazo, que incluso incluía propiedades que no eran nuestras, como los bienes comunes. Luego de eso, fuimos implementando el plan año a año, un pedacito a la vez, a medida que los recursos existían”, cuenta el dueño de casa.

Uno de los puntos más importantes de la reconstrucción fue el criadero de caballos. Para hacerlo, decidieron usar las construcciones que ya existían en el terreno –que antiguamente había sido una viña– y transformarlas en las instalaciones que necesitaban para llevar a cabo el proyecto, siempre respetando lo que eran. Tiene salones subterráneos, un quincho que era la antigua fábrica del vino y un picadero bajo techo, que es donde hacen los espectáculos.

Otra de las gracias de esta casa –que tiene vista a los primeros volcanes del sur de nuestro país– es el parque que la rodea, que fue hecho por el paisajista alemán Oscar Prager, el mismo que hizo el Club de Golf Los Leones y el Parque Providencia (actual Parque Balmaceda), entre muchos otros proyectos. “Prager proyectó un parque con una enorme concentración de palmas chilenas –que hoy tienen más de 100 años– y que le daban un atractivo muy particular, porque son cada vez más difíciles de encontrar. De hecho, por ellas llamamos al criadero de caballos como Palmas de Peñaflor”, cuenta Moreno.

Restaurar esta enorme propiedad por completo les tomó quince años y la idea siempre fue mantener el carácter original de la casa. Le agregaron más baños y mejoraron la calefacción, pero construyeron en adobe, siguiendo la tradición. Algunos de los muebles que usaron estaban ahí y los restauraron y otros los compraron en anticuarios de la zona, siempre de a poco.

Pero después de ese gran trabajo, llegó el terremoto del 2010, que botó todo. “La casa quedó muy dañada. Quedaron las murallas estructurales no más, unas paredes y un techo…”, cuenta Alfredo. Incluso algunas partes de la antigua viña desaparecieron por completo. Pero el derrumbe no fue impedimento para partir de cero, y entre el 2010 y el 2013 se dedicaron a levantar nuevamente la casa. Hoy, se ve casi como se veía hace 100 años; entrar es viajar en el tiempo.

Más allá de las construcciones, lo más entretenido de este lugar es cómo lo viven: acá es como si fuera 18 de septiembre todo el año. Llegan los hijos, los nietos, los amigos y todos los amantes de los caballos; es un lugar donde siempre hay gente. “Este campo es absolutamente el centro de la vida familiar, porque todos se dedican a los caballos. Algunos al salto, otros al adiestramiento, o al rodeo, todos a distintas disciplinas ecuestres. Viven intensamente sus caballos, incluso cuando están en Santiago andan a caballo todos los días”, cuenta Moreno.

Además, formaron la Escuadra Ecuestre Palmas de Peñaflor, que lleva más de 15 años montando espectáculos donde muestran las tradiciones chilenas, siempre con los caballos como protagonistas. Se han presentado en Chile y en el extranjero; de hecho, este año participaron en la celebración del cumpleaños número 90 de la Reina Isabel, quien los invitó personalmente. “Todas estas actividades que se hacen en torno a la Escuadra, hacen que uno conviva con todo el equipo humano que hace este trabajo, de preparar los caballos, de amansarlos, de posteriormente correrlos con nosotros… Es un campo que tiene mucha vida. Es una manera de encontrarse con Chile y de conversar con personas muy diversas, más allá del atractivo de este deporte”, dice Alfredo, orgulloso de todo lo que han logrado.