Diseño

En una isla de Canadá, una casa donde las piedras de la orilla terminaron dentro del living

Para diseñar esta casa en una isla de Georgian Bay, Bureau Tempo y Thom Fougere Studio partieron mirando el suelo. Así, las piedras que cubren la orilla del lago terminaron inspirando materiales, muebles y recorridos interiores.

Llegar a esta casa requiere cruzar el agua. Está en una pequeña isla de Georgian Bay, en Ontario, donde las costas de roca forman parte del paisaje tanto como el lago mismo. Esa geografía terminó definiendo mucho más que las vistas.

Cuando Bureau Tempo y Thom Fougere Studio comenzaron a trabajar en los interiores, decidieron que la casa debía sentirse construida con los mismos materiales que aparecían afuera. No se trataba de copiar el paisaje, sino de llevar parte de esa experiencia al interior. Por eso la piedra aparece una y otra vez. Está en la isla de la cocina, hecha con la misma piedra de campo que cubre la orilla del lago. Está en la chimenea de doble frente que acompaña el living y el porche. Vuelve a aparecer detrás de la cama principal y también bajo los pies, en la ducha, donde una superficie flameada cambia completamente la sensación al caminar.

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La madera sigue la misma lógica. Desde la manilla de acceso —tallada en roble con forma de guijarro— hasta los muebles diseñados especialmente para el proyecto, todo parece construido para ser tocado.

La llegada también está pensada como una secuencia. El acceso es bajo, revestido en roble y bastante contenido. Después, la casa empieza a abrirse lentamente. El piso cambia de nivel, el cielo gana altura y la vista termina encontrándose con el área social, que mira hacia el lago. El recorrido reproduce las pendientes de la isla, donde las rocas descienden naturalmente hasta el agua.

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En el centro aparece la cocina. Más que un espacio de trabajo, funciona como el lugar donde todos terminan reuniéndose. La despensa permanece completamente abierta, como una pequeña tienda donde frutas, verduras y utensilios forman parte del paisaje cotidiano. Muy cerca, un bar revestido en peltre recibe las bandejas que van y vienen durante el día.

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El comedor continúa esa misma secuencia y desemboca en un living hundido. Entre ambos y el porche exterior, una gran chimenea de piedra distribuye el calor hacia los dos lados de la casa.

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Hay otra decisión que probablemente pase más desapercibida, pero que termina definiendo el ambiente: la luz.

En una isla sin contaminación lumínica, la oscuridad sigue siendo parte del paisaje cuando cae la tarde. Los arquitectos evitaron competir con esa condición y eligieron terminaciones que conservaran su carácter incluso bajo una iluminación muy tenue.

Los dormitorios se conectan mediante un corredor acristalado que atraviesa la casa. A medida que uno avanza, los materiales también cambian: primero hormigón, luego madera y finalmente piedra Eramosa, extraída en la misma región.

El dormitorio principal mantiene esa misma mezcla. La piedra vuelve a aparecer detrás de la cama. Los clósets, apoyados sobre estructuras de hierro, tienen frentes tapizados que ayudan a absorber el sonido. En el baño, un lavamanos de piedra diseñado especialmente para la casa comparte espacio con una tina de cerámica orientada hacia el bosque.

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Desde el comienzo hubo una decisión que atravesó todo el proyecto: elegir materiales que aceptaran el paso del tiempo. El cedro, la piedra, el hierro o el roble no fueron pensados para mantenerse intactos. Al contrario. La idea era que cada uno cambiara con el uso y el clima, igual que las rocas de la isla, desgastadas por el agua después de años de permanecer en el mismo lugar.

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