Esencia chilota

Cero pretenciosa, parece otra de las casas tradicionales de los lugareños que viven en la Península de Rilán. Cuando el dueño la compró –llevaba más de 15 años abandonada– quería  justo eso, conservar la materia prima cien por ciento chilota.

¿Por qué a la gente le gusta Chiloé? “Cuando niño uno dibujaba y hacía una casita, dos árboles y dos patitos. Si miras Chiloé es lo mismo, es un cerro, dos árboles grandes, unos patitos y gansos. Entonces hay algo de tu idea infantil de vida que Chiloé te lo da duro y parejo”. Así el dueño de esta casa en la península de Rilán, a 20 minutos de Castro, ilustra cuál es la magia de la isla, de sus paisajes y de la hectárea que compró hace cerca de cinco años. La casa por fuera no dice mucho, pero por dentro es un refugio perfecto para pasar los días de invierno o verano al estilo cien por ciento chilote.

El lugar llevaba abandonado más de 15 años y una de las gracias es que el nuevo dueño no tocó la casa por fuera. Ni siquiera pintó sus características tejuelas de alerce. Algunas personas con las que trabajó en la restauración le preguntaban “por qué no la bota mejor, por la misma plata podría construirse una casa nueva”. Pero eso no era lo que él buscaba. Salvo una pieza que hizo, y una terraza que mira hacia el terreno que compró, todo es original. Es parte de su amor por lo antiguo, y por conservar las raíces del lugar. Por eso mantuvo la puerta original, dice que debe tener más de 120 años, es de esas que tienen cuatro puertas en una, porque antes no había vidrios. En la casa todavía estaba la cocina a leña que usaban los dueños de antes, el nuevo dueño la conservó y la puso como mesa. Y como la casa no es pretenciosa y está tal cual la encontró, cuando invita a comer gente tiene que estacionar su auto afuera, porque sino las personas pasan de largo sin siquiera verla.

Por dentro es cuento aparte. Sacó los cholguanes que forraban las paredes y botó el techo. Dejó al descubierto las vigas, y lo que era una bodega en el segundo piso la transformó en un dormitorio con tres lucarnas. Antes, la planta principal estaba dividida en piezas, en donde las tablas de la parte inferior de las paredes de cada una estaban pintadas de colores diferentes. Le sacaron la pintura de encima y apareció un solo color. En la parte superior puso rafia para que se viera más elegante. Botó todas las paredes y dejó un gran espacio.

El nuevo dueño y los antiguos no saben exactamente cuántos años tiene la casa, pero creen que son más de 100. Eso porque creen que la construcción actual tiene unos 70 años, pero ésta fue hecha después de que se perdiera parte de la original –se cree que tenía 100 años más– en un incendio. Son las vigas una de las mayores evidencias, en ellas hay hoyos que son los calces de la casa antigua.

Va por lo menos cinco veces al año y trata de prestársela a sus amigos y familia lo más que puede. La vive de diferentes formas según la época. En invierno, la gracia es el viento y la lluvia, “como el techo es de zinc pareciera que la casa se fuera a volar”, dice. En estos meses, con buenos libros aprovecha el lado “acogedor” del lugar. En el verano se sube a su jeep y sale a recorrer. Conversador y con cuento, se ha hecho muchos amigos por el sector. Chilotes, maestros y artesanos lo conocen hace varios años.  De hecho, todas las cosas de su casa las hizo con artesanos de la zona. Las mesas, muebles, mantas, son todas chilotas. La terraza es un buen ejemplo de ello, es del típico estilo de los cercos chilotes hechos con palos de luma y es uno de los lugares que más le gusta. Además, es un muy buen cocinero, una actividad que aquí disfruta todavía más por la buena calidad de los mariscos y pescados que se pueden encontrar.

Amante del estilo de vida chilote, el dueño de casa se opone al puente de Chacao porque dice que le quitaría la mística de isla, “la gracia de Chiloé es que todavía es un lugar intocado”, agrega. Alega que la gente iría a dar la vuelta a Chiloé y volvería a Puerto Montt y que con eso, no se conoce el “no pavimentado” del lugar. Para él, lo atractivo de los paisajes de Chiloé es que están más en el mundo de la imaginación. De su casa, opina distinto: “Las casas son bonitas o feas, yo no creo que esta sea ni bonita ni fea, sino que tiene un corazón grande”.