Una colorida casa, llena de recuerdos familiares y de viajes, y un jardín con palmeras, senderos y flores dan vida a este campo en la Provincia de Colchagua, una zona en la que la familia de los dueños de casa ha estado presente por generaciones.

En plena Provincia de Colchagua, en la comuna de Chépica, se ubica este campo, que sorprende por sus jardines y el uso del color en la decoración. La casa fue construida en 2005 y la idea de sus dueños era lograr una versión contemporánea de la casona antigua de la familia, que fue construida en 1860, aproximadamente, en la misma zona. El arquitecto que los ayudó a cumplir con ese objetivo fue Alberto Soffia.

Por más de cinco generaciones esta familia ha sido parte de esta región de Chile, y el fundo fue una herencia que recibieron los dueños de casa. La construcción tiene seis piezas y la cocina está incorporada con el comedor. “La idea fue romper un poco con lo común, hacer de la comida y la cocina algo más suelto y relajado, que el comedor fuera un lugar más habitado”, cuenta la dueña de casa.

Para la decoración no recibieron ayuda y la fueron armando de a poco, con recuerdos de viajes y cosas compradas en la zona. Fue todo espontáneo, los dueños se fueron inspirando con lo que habían visto en Chile y en sus salidas al extranjero. El arte y los libros les encantan y, por eso, ocupan espacios protagonistas en la casa. También, las fotos familiares.

Lo importante para ellos era que fuera una casa alegre, acogedora, con ambientes relajados, donde los colores nacieran sin ser estudiados. En el interior destacan los papeles murales de Osborne and Little, las telas de las sillas y las alfombras.

La primavera es la época más linda del lugar. Los dueños disfrutan caminar por el jardín cuando llegan a la casa; son fanáticos de las plantas. También, se pueden ver senderos y muchos árboles, como palmeras, que son las favoritas de la dueña de casa, porque le recuerdan la casa antigua de sus papás.

El paisajismo estuvo a cargo de Adriana Edwards. Pero, actualmente, mantiene el jardín Isabel Brickman, que es de la zona y ha ido ayudando a reestructurarlo. Las mismas flores que adornan el jardín sirven para decorar el interior y se pueden ver en los floreros de la cocina.

Para los dueños era fundamental que la terraza fuera grande, querían poder compartir con todos los que llegan a la casa. En verano los desayunos son afuera y los almuerzos en el jardín. Les gusta la vista a los árboles y el sonido de los pájaros al lado de la piscina en los días de calor. Pero esta casa no se disfruta sólo en el verano, también gozan junto a la chimenea en pleno invierno. “Los mejores recuerdos son cuando estamos todos juntos con la familia y los amigos. También cuando estamos solos, disfrutando el silencio”, aseguran.