Una base construida en el 8oo como un refugio de caza, baldosas pintadas a mano, una vista sorprendente al golfo de Nápoles y una decoración suelta y bien pensada, son solo algunas de las cosas que convierten a esta casa en un verdadero lujo italiano.

Justo cuando estaba terminando unas pequeñas vacaciones en Capri, el 2002, Giuseppe Ceceri se enteró que había una casa a la venta en la isla. Casi no la fue a ver, porque no quería perder el ferry de vuelta a Nápoles, donde vive, pero finalmente cedió. “El camino para llegar a la casa fue tan agradable… Era el atardecer y la calle, angosta y peatonal, pasaba a través de hermosos jardines. Me sentí como en el campo. Apenas llegué, me sorprendí: tenía frente a mí una casa con un parque maravilloso, una larga columnata que iba de una terraza a la otra y todo esto, frente al golfo de Nápoles”, nos cuenta desde Italia.

Por supuesto, la decisión ya estaba tomada. Pero no fue solo la ubicación y la vista lo que motivó la compra de Ceceri. Otra de las cosas que le fascinó, fue que era una casa con historia, o “con muchas historias sobrepuestas”, como se corrige. En este espacio –cuya parte central era un refugio de caza del 800–, había vivido un pianista, una mujer austríaca (que los locales bautizaron como “la Alemana”), y una familia napolitana. Cada uno de ellos había dejado algo: desde la columnata que tanto le gustó, hasta las baldosas pintadas a mano y las antiguas vasijas del siglo XIX. “Había una sensación de armonía y paz”, cuenta Ceceri.

Para decorarla, la idea de su dueño fue lograr una casa familiar, “con un espíritu ecléctico”. Un lugar donde pudiera disfrutar junto a Nicola, su pareja, y sus hijos y perros. De hecho, desde que la compraron, van cada vez que pueden; desde abril en adelante, es el panorama casi obligado de todos los fines de semana. Y aunque se ve increíble tal como está, Giuseppe dice que nunca va a estar lista. “La casa no tiene una estructura definida, está en una continua, aunque lenta, transformación. Me gustan algunas imperfecciones, algunas manchas. No me gusta el rigor formal excesivo, la obsesión con la simetría”. Una soltura que se siente inmediatamente.

La mayoría de los muebles los han comprado en mercados de las pulgas y en tiendas de antigüedades, y Ceceri confiesa que sigue comprando (demasiadas) cosas, que va acumulando en una bodega. “Tarde o temprano encontrarán su lugar. Aquí, cada año hay algo que se va y luego algo que llega”, cuenta. La casa también tiene mucho arte, principalmente cuadros y fotografías de la isla, que han comprado en subastas y en La Conchiglia, una librería que “es el punto central de la vida intelectual y literaria de la isla”.

La casa tiene cinco dormitorios, perfectos para los dueños de casa y sus amigos. Pero el corazón de este lugar es el living y la galería, que son lejos los que más usan. Eso sí, Giuseppe nos cuenta que su lugar favorito es la terraza superior, donde, cuando sopla el viento norte y deja todo claro, se puede ver hasta Gaeta y Ventotene.

Y el parque que rodea a la casa también es un lujo. Diseñado por la paisajista Antonella Sartogo, es un lugar realmente “mágico”, como lo declara su dueño. Agapantos, lavandas, rosas, naranjos y limones, se combinan en un balance perfecto, que rodea la casa y la convierte en un refugio soñado, a la italiana.