Grandes dimensiones

En Punta del Este, esta casa diseñada por el fallecido arquitecto Horacio Ravazzani impacta por la exageración de su escala. Un aspecto que es parte de su sello profesional pero que también fue requisito principal para el dueño, para quien la amplitud del espacio es esencial.

Punta del Este da para todos los gustos. Están los que se han construido la casa en una playa perdida (si no hay electricidad, mejor), y también los que tomaron muy seriamente el desafío de construir algo espectacular y que lo haga notar. Luis Rusconi pertenece a estos últimos. Hombre de negocios argentino y apasionado de la arquitectura, después de haber adquirido una parcela de tierra en el sector Rincón del indio recurrió al arquitecto y escultor Horacio Ravazzani para que construyese una casa que compartiría con su mujer y sus amigos. Ravazzani, ya fallecido, vivió y trabajó desde siempre en Uruguay y su trabajo dejó una importante herencia de obras que representan lo más creativo de la arquitectura de Punta del Este y sus alrededores. De expresión exagerada, son el manifiesto que sólo una incontenible pasión creadora pudo haber generado. Las casas que construyó casi personalmente son, como ocurre con el trabajo de muchos artistas, el desarrollo de un tema con infinitas variaciones, que se mantuvo independiente de todas las tentaciones estilísticas. Sus edificios siempre se ajustan al paisaje, lo acompañan, lo completan sin forzar esa relación para intentar imponer una idea abstracta.

Luis Rusconi cuenta que “la casa se proyectó de manera casi artesanal, utilizando estructuras de fierro proveniente de demoliciones que no sólo sirvieron para la arquitectura, sino que inclusive fueron motor para algunas ideas de la concepción. Se utilizaron, por ejemplo, para el techo interior y las escaleras”. La piedra, en tanto, tuvo como fin asemejar la construcción al estilo de los antiguos monasterios uruguayos.

La casa acapara miradas, de eso no hay duda. Es que se trata de una construcción que provoca inmediatamente una crisis de escala en el espectador; no es frecuente un living de diez metros de altura y eso tiene que ver con el arquitecto Ravazzani, para quien la exageración en las dimensiones es el principal ingrediente en el impactante interés de esta obra: genera un salvaje y a la vez generoso espacio que gradualmente sus ocupantes van colonizando con sensato equipamiento de escala doméstica.

Aquí no hay muchas distracciones, sólo un juego de volúmenes, ya que en cuanto a la distribución se concebió como varias casas dentro de una. Está constituida por dos espacios unidos por el gran hall de vidrio doblemente orientado desde el que se divisa todo el campo que lo rodea. Por un lado, el dormitorio principal y su baño de gigantescas dimensiones; por otro está la cocina. Sobre estos dos cuerpos hay un nivel superior con piezas para invitados. Al centro se ubica el gran living comedor con grandes ventanales de fierro y vidrio que circunscriben la fachada. Este ambiente se convierte en la zona más fecuentada de la casa junto con la piscina, siempre abierta a recibir amigos.

La lectura desde el exterior es de una forma dominante, simple y simétrica. Enmarcando toda esta grandeza hay un maravilloso jardín, que con árboles viejos y de gran altura emboscan el recinto dándole aún más carácter a la propiedad. “La amplitud es esencial para mí”, confiesa Luis Rusconi. “Me gusta mantener espacios despojados. No podría vivir en una casa atiborrada de muebles y recuerdos conservados por ataduras sentimentales que vienen a entorpecer el desarrollo de las actividades. Y para el asesoramiento pedí ayuda a Mimmi O’Connell, a quien conozco muy bien ya que se ha ocupado de otras casa en la región”. La decoradora argentina, que desde hace muchos años vive en Londres, nos contó lo interesante que fue para ella participar en el interiorismo de esta casa. “Desde muy joven comprendí la importancia que tiene el ‘armonizar’ en la decoración: para crear un ambiente con carácter propio, y que al mismo tiempo resulte neutro y acogedor, con frecuencia se debe desafiar lo convencional. En general mezclo muebles y objetos con formas y colores contrastantes, sin parentesco en estilo y origen. Sólo hay que dejarse llevar por el instinto y tratar de alcanzar un resultado agradable para el ojo propio y el ajeno. Para la decoración de esta casa fue distinto. Trabajé con los dueños y busqué que los muebles fuesen de líneas puras y simples, y sobre todo que no congestionaran los ambientes. Luis Rusconi y su mujer me habían dado la siguiente consigna: tener muebles neutros, pensados para no interferir con la arquitectura. Canapés, consolas, lámparas, una armonía de tonos blancos y neutros. Quería una casa moderna pero que no perdiese las raíces autóctonas que le conferían la piedra local, la madera y el hierro”, dice Mimmi.

El resultado es que si bien la casa es moderna al máximo, cada uno de los detalles arquitectónicos proporcionan una calidez inesperada. La continuidad de los espacios, la gran altura de sus paredes y la simpleza de las líneas hacen de este lugar que se impone algo muy especial. La casa acoge con toda su fuerza y su pureza. Cobija, y más que arquitectura, es como una escultura donde se desarrolla la vida. Y es aquí donde uno puede soñar con el sueño más humano: las vacaciones perpetuas.