La Palomera

Es el nombre de este estudio hecho por el arquitecto Horacio Schmidt Cortés para él mismo. Ubicado en Zapallar, es un lugar tanto de descanso como de trabajo y lo construyó con puros materiales reciclados.

El silencio, la tranquilidad y la vista que tiene hacen de este un lugar ideal para trabajar y descansar. Aquí el arquitecto Horacio Schmidt Cortés puede pasar días enteros trabajando en los proyectos de la oficina S3 Arquitectos –de la que es socio junto a sus hijos Horacio y Martín– o leyendo y viendo fútbol, algunas de sus grandes pasiones, junto con la aviación, la agricultura y la vela, entre otras. La Palomera –como le pusieron por estar en el sector de La Paloma en Zapallar– fue construida con materiales reutilizables que sobraron de proyectos inmobiliarios que Horacio tenía guardados, y que sabía que algún día iba a poder aprovechar. Hace tiempo que tenía en mente este proyecto de “reciclaje de materiales” y la oportunidad de hacerlo se dio cuando con sus hijos diseñaron y construyeron su segunda casa en este balneario: el terreno estaba dividido por una carretera y gran parte de éste quedaba aislado en un cerro, con mucha pendiente y muy buena vista. Era el lugar ideal para hacer su estudio-taller.

Diseñó la estructura en base a la irregularidad del lugar y al tamaño de los vidrios que tenía apilados luego de remodelar una oficina; la forma la definió la curva del camino que pasa por debajo. Los ventanales se transformaron en las paredes que rodean todo el espacio y el resto de la estructura se hizo en base a los cuartones, las maderas, las vigas, entre otros materiales que quedaron de la construcción de su casa. “Esta ha sido mi última chochera como arquitecto, y la he hecho prácticamente solo”, cuenta; se demoró cuatro meses con un pequeño grupo de maestros.

“Esta casa tiene estilo, pero lástima que es sólo del tata”, dicen sus nietos. Ellos necesitan una invitación especial para entrar al lugar, que está lleno de juguetes antiguos que Horacio guarda desde su infancia, junto a libros, aviones, barcos, autos y recuerdos de toda la vida. Además de un gran espacio para estar –que de día funciona como taller y de noche como pieza, donde le gusta alojar con su mujer en un sofá cama–, el estudio tiene una cocina, un baño, una mesa de comedor y una terraza, todo en un espacio de 70 metros cuadrados.

La Palomera no ha sido su única “locura de arquitecto”… también está La Pesebrera, en el campo en Angol, un lugar de más de cien años en el cual se guardaban los caballos de su abuelo y que Horacio también recicló. En uno de sus bloques hizo un living, un comedor, una cocina y un dormitorio. Ahí se instalan cada vez que van durante el año y en febrero, mes en que se cosechan los arándanos que tiene junto a sus socios.