Esta clásica casa de Reñaca es más bien un museo que recuerda todo el glamour por el que alguna vez fue conocido este balneario. Se nota la mano de Jorge Yarur Bascuñán, su dueño, quien se ha preocupado de mantenerla en perfecto estado, pero siempre con el estilo de los 50 con el que fue concebida.

Es probablemente uno de los iconos de Reñaca. De piedra y mañío sobre la playa El Encanto, esta casa tiene más de 60 años y sigue tal como la pensó don Juan Yarur Lolas. Todo un clásico que se ha convertido en un verdadero museo de la mejor época de este balneario, muy lejana a lo que hoy en día se ve: descuidado y con esa sobrepoblación de edificios que sin ningún respeto deja sin vista ni intimidad a sus habitantes.

Esta casa es tan linda y elegante en su exterior como en su interior, algo de los que nos dimos cuenta hace diez años cuando la fotografiamos por primera vez. Desde la decoración, iluminación hasta el orden –algo que parece ser una misión de vida o muerte para quienes tienen a cargo esa tarea–, todo aquí está muy bien cuidado. Algo nada fácil, pero que gracias al trabajo de joyería de su actual dueño Jorge Yarur, conocido como Toto, ha perpetuado el espíritu y estilo original de este lugar.

Eran los años 50 y a su abuela le detectaron graves problemas de salud, por lo que los doctores le recomendaron vivir cerca del mar. Así, don Juan encargó la construcción de esta casa a la oficina de arquitectos Larraín, Bolton, Prieto y Reyes. Los muebles se compraron en la mueblería Muzard y todos los géneros y tapices de la casa se compraron en Los Gobelinos. Se decoró de una sola vez y de una manera bastante uniforme, en un estilo más formal y de ciudad, ya que nunca se pensó como casa de veraneo.

Después de la muerte de sus abuelos, la casa pasó a manos de los papás de Jorge quienes la vivieron en la época de mayor esplendor de Reñaca. Raquel Bascuñán y Jorge Yarur Banna eran conocidos por su activa vida social y por ser excelentes anfitriones, y ella todavía es recordada por su estilo y por sus bajadas a la playa siempre de punta en blanco. Si bien no vivieron en esta casa, cada fin de semana largo y durante todo el verano se hacían entretenidos almuerzos y grandes comidas, además de celebraciones tan memorables como su aniversario de matrimonio cada 20 de febrero. Era una casa de puertas abiertas, tanto así que en el año 81 prestaron la casa a TVN para un programa veraniego en el cual, y como se hace hasta el día de hoy, desfilaban todas las celebrities del Festival de Viña del Mar. Así, las entrevistas se hacían en distintos sectores de la casa y una banda tocaba en la terraza. Un joven Toto recorría cada rincón con su cámara de foto en mano, disfrutando a más no poder de esta experiencia.

La llegada de los 90 marcó también un nuevo cambio generacional. Después de la muerte de sus padres, Toto se hizo cargo de la casa. Aunque Reñaca no era lo mismo de antes y la tarea de mantenerla podía ser titánica, nunca pasó por su cabeza la idea de venderla: había toda una historia y él había sido uno de sus principales protagonistas.

Con su ojo estético decidió mantener el aire de los 50, por lo que los cambios fueron más bien de conservación. Se rasparon las paredes para descubrir los colores originales, se dio nueva vida a los frescos pintados por Tomás Roesner, los muebles se retapizaron en el taller de Luis Valdés y el parqué dio paso a tablones de Maple, tan firmes que se mantienen intactos hasta el día de hoy. En su preocupación por dejar la casa tal cual, buscó hasta teléfonos e interruptores antiguos y llenó los revisteros con añosas Zig Zag.

La tarea no terminó ahí y más de quince años después Jorge sigue trabajando día a día en esta casa, la que disfruta cada fin de semana pero de una forma más tranquila que sus antecesores. Sin grandes pretensiones y sólo haciendo cambios por necesidad –aclara que él en ningún caso es decorador–, ha ido renovando géneros de cortinas y tapices, todos de Manor House y Les Tissus, y ha seguido con la interminable búsqueda de nuevos objetos decorativos, especialmente para el gran pasillo frente al living. A su juicio, una tarea nada fácil, ya que además de cumplir con cierto periodo estético, también es necesario tener en cuenta el material: figuras de metal es imposible mantener por la humedad del mar y hay que ingeniárselas para no terminar con una gran colección de cerámicas.

Uno de los mayores trabajos de restauración del último tiempo es el que actualmente se le está haciendo al mosaico de una sirena que por más de 60 años decoró el fondo de la piscina. Estaba perdiendo el color y en una agotadora operación logística –con grúas, permisos municipales y cortes de calle incluidos–, la sacaron en una sola pieza y la trajeron a Santiago, en donde la preparan para recibir los tratamientos necesarios. Para esta odisea los expertos del Museo de la Moda se han asesorado por Stéphane Pennec, arqueólogo francés a cargo de las expediciones para rescatar piezas del Titanic, además de ser el responsable de darle nueva vida a la mítica chaqueta de la película Volver al futuro exhibida en la muestra “Volver a los 80 II” del museo. El trabajo sobre esta sirena no es nada simple, ya que por seis meses deben sacar toda la sal acumulada en las piezas de cerámica esmaltada antes de empezar con la restauración propiamente tal. Pero si hay algo de lo que conoce Jorge es de largas esperas, todo con tal de revivir con total exactitud cada rincón de la casa.