Marrakech

En un barrio cercano a la ciudad de Marrakech, con el Atlas como telón de fondo, un nuevo hotel fusiona tradición árabe con diseño actual.

 

Es un lugar para dejarse llevar y un país del que es difícil regresar decepcionado. En el corazón de veinte hectáreas de olivares y jardines perfumados se encuentra el nuevo Mandarin Oriental de Marrakech. Lleva la firma del arquitecto Pascal Desprez, mientras que para el resort, cuya decoración es auténtica y sofisticada, los autores son el dúo de arquitectos franceses Patrick Gilles y Dorothée Boissier, quienes también firmaron recientemente el hotel Baccarat de New York. Presente en Nueva York, París, Bangkok. Londres y Las Vegas, este es el primer hotel de la marca Mandarin, originaria de Hong Kong, en el continente africano.

Si bien el hotel podría ser una antigua construcción de arquitectura local, es una edificación recién hecha que surge en medio de un predio donde antes no había más que un vasto terreno de arena, cantos rodados y matorrales. Ahí se plantaron centenares de árboles entre palmeras transportadas desde los valles del Atlas, olivos centenarios y más de 100.000 variedades de rosas como el  “hada de la nieve”, una especie rara que da una flor de un blanco inmaculado. También pusieron cascadas de buganvilias, jazmines y cactus de todas las especies…

En este océano de vegetación y alrededor de una gran piscina construyeron 54 villas privadas con superficies que varían entre 280 y 440 m2, separadas las unas de las otras con cercos vegetales y macizos de flores. Cada casa está dotada de un living, de un cuarto lujosísimo y de un baño gigante con bañera redonda para dos, así como también de un hamman (baño turco) y de un walking closet.

A esto se suma un gran edificio central de color ocre, que es el color de Marruecos, y que alberga las zonas comunes del complejo: un vestíbulo gigante con pileta interior, dos restoranes, un bar y un salón, todo esto coronado por siete suites que dan hacia una gran terraza y una espectacular piscina. El complejo también cuenta con un spa de 1.800 m2 con seis cabinas para cuidados de belleza y cuya arquitectura refleja las influencias berberiscas, así como también un sutil homenaje al rico patrimonio marroquí. En la arquitectura de todos los ambientes, los diseñadores Gilles&Boissier hicieron especial referencia a las antiguas mezquitas y catedrales de Andalucía. Lo demuestran las omnipresentes paredes de ladrillo rojo y las columnas revestidas de mármol y piedra que marcan una gran elegancia en este templo del bienestar. También se puede admirar un corredor con un techo de estuco tallado y donde las ojivas parecen proyectarse hacia el infinito.

“Para el Mandarin Oriental de Marrakech quisimos trabajar los tonos del desierto y sus motivos arquetípicos. Somos grandes admiradores del edificio histórico Médersa Ben Youssef de Marrakech, cuya arquitectura es una joya de estilo árabo-andaluz. En él nos inspiramos apostando desde la entrada a la simetría perfecta, a las columnas y a los marcos de madera oscura, así como también a un estanque recubierto de oro con la vista del Atlas a lo lejos”, cuentan Patrick y Dorothée. Sumado a todo lo mejor de la hospitalidad marroquí, los clientes del hotel también se benefician del acceso privilegiado y directo al Golf Royal y al Golf Al Maaden, así como también al Amelkis Gold Club. Un nuevo foco de atención para los que aprecian la diferencia.
www.mandarinoriental.com