Perfume de mujer

Puede ser hija de un marqués y de la gran dama de la moda, además de la mujer de un reconocido torero español, pero Carolina Herrera Jr. tiene los pies bien puestos sobre la tierra. Por eso es que para su departamento en Madrid el capital inicial no fueron miles de millones de dólares sino su indiscutible estilo y buen gusto.

Carolina Herrera Jr. es tal como se ve en las fotos: suave, cálida, tranquila y sencilla. Uno podría imaginar que su infancia estuvo marcada por el estrés de los desfiles de moda y los viajes entre Caracas y Nueva York, pero no. De hecho, ella sólo se dio cuenta de la potencia de su nombre estando en Nueva York, cuando lo vio pasar –grande, fuerte– impreso sobre un bus. Hasta el momento, su mamá sólo había sido su mamá y no la elegante mujer que impuso su estilo en todo el mundo.

De ella, cómo no, heredó esa gracia, que la ha llevado a ser consultora tanto para la imagen de la marca como para los perfumes. Pero Carolina Jr. no vive en Nueva York sino en Madrid, ciudad a la que llegó hace unos años para filmar Maletilla, un documental sobre la corrida de toros. «Después de viajar por el sur de España con la directora y los alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Madrid en busca de su sueño de gloria, quedé tan fascinada por este mundo que decidí instalarme en la capital española”, confiesa. Y en este departamento con vistas a la Plaza Mayor es donde vive con su marido, el torero Miguel Baez, “el Litri” y sus tres hijos.

Su casa es ultra femenina y acogedora; la gracia y las invenciones, brillantes. Tiene un buen tamaño, los techos son altos, los pisos nobles y las habitaciones ideales para destacar los elementos elegantes y de carácter. “Mi casa es cómoda y tiene una buena distribución, lo que da la sensación de que es más grande de lo que realmente es”. Las antigüedades de finales del siglo XIX se entienden perfectamente con el mobiliario de los 40 y 50, con los espejos de todo tipo, con el arte variopinto y con piezas de cosecha propia. En cuanto a los materiales están todos invitados. Fierros, maderas, azulejos, suelos de baldosas de barro y telas de todos los estilos…

Del departamento se desprende una sensación de fantasía sorprendente. Esto debido en gran parte a los muebles y accesorios, con los que la dueña consigue, sin tocar la estructura original, renovar el espíritu, añadiéndole un toque personal, bohemio y absolutamente emocional. En este mundo, ella mezcla cosas de Zara Casa con otras encontradas en ferias y hasta en los basureros, como 14 sillas de metal antiguas en perfecto estado que ella rápidamente recuperó. No obstante, Carolina sostiene que el mayor tesoro de la casa son sus hijos. Con esa visión, difícil que su casa se aleje del concepto acogedor que ella siempre le quiso imprimir.