Recargada

Para el diseñador y galerista danés Klavs Rosenfalck, la decoración es el arte de producir ambientes vívidos, de calidad y que estimulen la imaginación. Su departamento en París es el mejor ejemplo.

Muebles de los 70 con frescos del siglo XIX; diseño ultramoderno contrapuesto a boisseries; piezas de Arik Levy junto a espejos barrocos; mesas metalizadas como la carrocería de un auto deportivo rodeadas de molduras doradas. Todo esto convive en el grandioso departamento del decorador y galerista Klavs Rosenfalck en el séptimo arrondissement de París. En él ha creado una atmósfera onírica fusionando la opulenta arquitectura original con sus propias creaciones, arte contemporáneo y piezas vintage.

Son 220 metros cuadrados de puro estilo Segundo Imperio, la época fastuosa de Napoleón III (1852-1870), cuando la capital francesa estaba en plena ebullición y se recuperó el gusto por la riqueza ostentosa, la belleza recargada y el lujo monumental que había estado de moda antes de la Revolución Francesa, durante el reinado de Luis XVI. El resultado es un recorrido ejemplar en el tiempo.

Nacido en Dinamarca y de padre diseñador, Klavs Rosenfalck posee un ojo atento y un criterio impecable: toque francés con design escandinavo. Lo confirma su galería KRD, situada en la rue de Bourgogne, en la que expone piezas maestras que van desde los 50 hasta la actualidad. En su casa ha logrado que cohabiten muebles contemporáneos, como el sofá serpenteante de Vladimir Kagan o la mesa coral del comedor, con fotografías y esculturas, en un marco de dorados, trompo-oeils y frescos que exaltan la arquitectura decimonónica. Además, ha entonado las lámparas en el clásico color oro, como nexo entre lo antiguo y lo moderno. «Me gustan los contrastes: lo geométrico con lo barroco, una mesa de estructura pesada al lado de sillas ligeras o de formas irregulares, un espejo Luis XVI cerca de un sillón de Pierre Paulin», explica. También cambió la distribución: lo que antes era la biblioteca es hoy el dormitorio, transformó en cocina la antigua sala de música y varias salitas dieron paso a su oficina.

Sólo el living y el comedor conservaron su emplazamiento y aspecto original: dos ambientes imponentes con sus pinturas, estucos, puertas y espejos ahora magnificamente restaurados. «Quería conservar su historia pero modernizándola, que fuesen espacios públicos para sentirse cómodo y recibir amigos, donde lo íntimo y lo social se fundieran, todo lo contrario a lo que debe ocurrir en los dormitorios. El resultado es un lugar de reunión agradable y elegante».

Klavs es partidario de cambiar a menudo la decoración: «Nada es eterno, me gusta ir reemplazando unas cosas por otras, volver a pintar las paredes, retapizar los sillones. Es fundamental para darle vida y que la casa sea ecléctica y diversa». Aunque reconoce que hay piezas de gran valor, no destaca ninguna sobre otra. Cada una, según él, se explica gracias al compendio global. Para este danés la decoración es el arte de producir ambientes vívidos, de calidad y que estimulen la imaginación. Así nos lo demuestra.