Valparaíso delirante

Con un gusto exquisito y una buena cuota de humor, los dueños de esta casa en Valparaíso se dieron el gusto de decorarla a su antojo. “Fue un juego delirante”, dicen sobre el proceso de armar cada espacio de este palacio construido en 1880.

Siempre les había gustado Valparaíso. Tanto, que ya tenían un departamento muy chico ahí que era como su refugio, su lugar fuera de Santiago. Pero llegaron los niños y quisieron no sólo un espacio más grande, sino también con historia. Así fue como llegaron a esta casa construida en 1880, en la que además vieron la posibilidad de hacer un aporte al rescate patrimonial. “Estaba en súper mal estado, totalmente abandonada, habitada sólo por gatos y perros… pero su estructura era bonita y tenía miles de detalles de arquitectura que la hacían muy especial”, cuenta su dueña.

Una de las cosas que más les llamó la atención de este verdadero palacio fue que tenía muchos patios y terrazas, algo poco común en las casas del puerto. Un gran jardín anterior y posterior lleno de árboles frutales como lúcumos y parrones los atrajeron como un imán. Ubicada en el cerro Placeres y en primera línea frente al mar, la casa está en una zona tranquila que no tiene nada que ver con los cerros más turísticos de la ciudad. A ella se accede luego de subir una interminable escalera. Su estructura es de casa chilena tradicional: de adobe ancho, con recintos simétricos y donde cada pieza está conectada con la otra. Lo primero que hicieron fue definir qué mantener y qué no. “Nos encontramos con detalles preciosos, como unas baldosas increíbles, un excusado inglés, cielos pintados, papel mural y unos rosetones que había que rescatar sí o sí”, recuerdan. “La casa fue construida por una familia uruguaya que era bien musical, porque la mujer o era cantante de ópera o concertista de piano… En la época de esplendor de Valparaíso, en las primeras décadas del siglo pasado, le deben haber incorporado todos estos elementos más sofisticados que quisimos mantener”.

Los arreglos se orientaron a eliminar las ampliaciones que no formaban parte del plano original y a reparar los techos que lo necesitaban. Pero quizás el cambio más radical fue redistribuir los espacios de manera que fuera más vivible para la época actual. Así, por ejemplo, la cocina se convirtió en dormitorio, y al revés. “La idea fue que la parte delantera de la casa, la que tiene la mejor vista, contuviera lo principal”, cuentan.

Listos los arreglos, vino la parte más entretenida: armar cada espacio. “Fue un juego delirante”, dice la dueña de casa. “El sello está dado por la gran cantidad de cachureos que teníamos nosotros. Incluso muchos amigos nos donaron cosas que pensaban que nos podían servir… una cama con respaldo de bronce, una mesa… Pero también recuperamos muebles muy antiguos que todavía estaban en esta casa, como roperos y repisas”. Con todo eso se pusieron a jugar. “Fue todo bien atrevido, lo pasamos bien porque pensamos espacios que nos entretuvieran. No sé si volvería a armar una casa así, pero esta permitía que no hubiera prejuicios estéticos”.

Así fueron apareciendo “El internado”, que es una pieza para niños en la cual hay cuatro camas puestas en fila, todas con distintos cubrecamas y en cuya pared cuelga un escudo nacional; o la “Pieza de los mapas”, donde hay varios de distintas partes del mundo. Para la cocina se inspiraron en una iglesia chilota: “Como somos bien cocineros, inventamos un lugar en el cual llevar a cabo la ceremonia de la cocina. El lavaplatos es como nuestro altar”.

De esto han pasado siete años, época en la que no sólo la han aprovechado ellos, sino también amigos y turistas que alojan ahí. “Lo bueno que tiene la casa es que cuando vamos nosotros solos con nuestros hijos, nos basta el primer piso, donde está el dormitorio principal, living, comedor y cocina, pero está lista para recibir invitados porque en el segundo piso hay piezas y baños independientes”, explican. “Es una casa rica para ir solos o de a muchos”. Listos para partir a nuevos rumbos, pondrán la casa en venta esperando que nuevos dueños la puedan disfrutar tanto como ellos.