Una casa de hormigón negro en Sao Paulo, de Searle Puga Arquitectos

Esta casa en Sao Paulo fue proyectada por los arquitectos chilenos Marcela Puga y Rodrigo Searle, a la distancia. El resultado es una construcción de hormigón negro que sorprende por sus espacios amplios y el contraste que logra con la exuberante vegetación brasileña.  

Marcela Puga y Rodrigo Searle, arquitectos de la oficina Searle Puga Arquitectos, han dedicado los últimos años de su carrera a edificios y proyectos más ligados al mundo inmobiliario, pero justo antes de la pandemia recibieron un encargo: hacer una casa para una familia joven en Sao Paulo. “Antiguamente hacíamos bastantes casas acá en Chile y después hemos ido desembocando más en edificios, en proyectos más de nicho. Y aunque las casas son siempre entretenidas, hemos ido tomando menos. Entonces retomar esto fue también nuevo para nosotros en ese momento”, cuenta Rodrigo Searle.

Los dueños de casa, una pareja chileno-brasileña, tenían muy claro lo que querían en cuanto al programa: cuatro piezas de niños en suite (aunque cuando empezaron el proyecto todavía no tenían ninguno) y además habían recopilado una carpeta en Pinterest con muchas imágenes. “Eso nos permitió hacernos una idea de la atmósfera que ellos estaban pensando”, dice Marcela. “Además, tenían varias cosas que nos incentivaron en el diseño, como requerimientos de una cava, cocina integrada, moderna y espacios grandes”.

Tras ese primer intercambio, los arquitectos les hicieron una propuesta con varias fotos elegidas por ellos que respondían a esa inspiración. El match funcionó perfecto y empezaron el proyecto. Como tenían que hacer todo a distancia, trabajaron también con Eduardo Gurian, de @siaaarquitetos, que fue el colaborador en Sao Paulo. Y a cargo de la construcción estuvo Fairbanks (@fairbanksepilnikconstrucoes) que, como dicen los arquitectos, “lo hicieron perfecto, con una factura increíble”.

La casa fue concebida como un recorrido desde la entrada a través de patios. El primero es el patio de acceso, donde proyectaron un espejo de agua que inicialmente tendría peces y que habían bautizado como el patio de los pescados, pero que luego simplificaron y dejaron como un espejo. Luego viene el segundo patio, que es un patio central, cuadrado -que bautizaron como el patio de los pájaros- y que se recorre por todos los espacios públicos, como el hall de acceso, el camino hacia el living y la cocina.

En el segundo piso están todos los espacios privados, como los dormitorios, baños y una sala de estar. Aquí, la circulación también se da en torno al patio central, que está abierto hacia el cielo y donde plantaron un jardín precioso junto al paisajista Alex Hanazaki (@alexhanazaki), que estuvo a cargo del paisajismo de este proyecto y que ha hecho casi todos los jardines de los proyectos del reconocido arquitecto Marcio Kogan. Y si se sigue el recorrido, por cualquiera de los dos pisos, se llega al “patio de los humanos”, que es el jardín.

Para los materiales, los arquitectos eligieron como protagonista el hormigón texturado negro, porque era un mejor telón de fondo para la vegetación. “Los clientes confiaron harto en nosotros, porque cuando tú le dices a alguien que le vas a hacer una casa de hormigón visto, y además, negro, pueden quedar en shock. Pero la sensación de la sombra también es acogedora, relajante, es amable”, dicen. De todas maneras, para darle luminosidad a la casa, decidieron trabajar con roble europeo, una madera clara, casi blanca, “que le da también una cosa más joven”, como reconoce Rodrigo.

La construcción fue tan exitosa que siguen en contacto, asesorando a esta joven pareja, que ya tiene dos hijos, con la elección de los muebles y las obras de arte que de a poco han ido complementando el proyecto inicial. “La confianza que tuvieron nuestros clientes con nosotros fue total y lo sigue siendo. Ella me llama y me pregunta qué cuadro me gusta para la entrada y yo le digo: no me gusta ningún cuadro, pídele una cabeza a Benjamín Lira. Eso habla de clientes que quedaron contentos y es súper gratificante”, dice Marcela.