Óptica

GAM: una obra inconclusa para la ciudad

La reciente suspensión de la segunda etapa del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) por falta de presupuesto vuelve a abrir una discusión que trasciende ampliamente la construcción de un edificio cultural. Lo que está hoy en pausa no es solamente una gran sala de artes escénicas y musicales, sino que una pieza estratégica para la consolidación urbana, cultural y simbólica de Santiago como imagen país.

El GAM fue concebido como un único proyecto urbano y arquitectónico, compuesto por tres volúmenes y tres plazas interiores que se integran con el barrio Lastarria. Desde su origen, la propuesta buscó no solo recuperar la edificación de la UNCTAD III y su explanada, sino que también la continuidad peatonal y la permeabilidad de toda la manzana, integrando Alameda con el barrio Lastarria y fortaleciendo uno de los polos culturales y turísticos más relevantes de la capital.

Foto: Ignacio Infante Cobo

Sin embargo, la ejecución fragmentada del proyecto ha alterado esa visión inicial. Construir por etapas no es necesariamente un problema; muchas ciudades desarrollan así sus grandes obras públicas. El problema aparece cuando esas etapas se prolongan indefinidamente y transforman lo transitorio en permanente, según el gobierno de turno, sin una visión de Estado. Así, la ciudad comienza a perder oportunidades de integración, vitalidad y cohesión.

La interrupción actual implica que probablemente pasarán otros cuatro o seis años antes de retomar la construcción. Eso significa seguir postergando no solo una infraestructura cultural necesaria para GAM, sino también el mecanismo de transformación urbana que los próximos 15 años, sino que también la consolidación de un espacio urbano que conecta barrios, activa el espacio público y fortalece la identidad de la ciudad.

Foto: Ignacio Infante Cobo

Los proyectos culturales de esta escala tienen un impacto que va mucho más allá de sus programas interiores. Son detonantes urbanos. Generan encuentro ciudadano, movimiento peatonal, seguridad, comercio, turismo, industrias creativas y vida de barrio. En este caso, el GAM cumple además un rol simbólico: representa una idea de ciudad contemporánea, abierta, democrática y conectada.

Las ciudades se construyen también a partir de señales. Cuando los proyectos estratégicos quedan detenidos por largos periodos, el mensaje que se instala es que el desarrollo urbano y cultural puede seguir indefinidamente. Pero las ciudades no esperan. Sus dinámicas sociales, económicas y territoriales continúan avanzando, muchas veces profundizando desigualdades o debilitando espacios que requieren consolidación.

Retomar el proyecto del GAM no debiera entenderse únicamente como una inversión en infraestructura cultural, sino como una decisión sobre qué tipo de ciudad queremos construir. Una ciudad donde la cultura no sea un elemento decorativo, sino parte estructural de la vida urbana y del espacio público.

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