La decoración como una segunda piel

Mis primeros recuerdos relacionados con el mundo de la decoración son cuando era muy chica. Recuerdo haber estado siempre moviendo los muebles de mi casa, pidiéndole permiso a mi mamá para pintar alguna pared yo misma. Creo que de cierta forma ella vio en mí esa fascinación por generar cambios en todo lo que nos rodea, lo que vemos cada día.

Aunque estudié Ingeniería Comercial, al parecer el destino siempre quiso que yo integrara todo ese conocimiento más duro con el alma de decoradora, carpintera, maestra, pintora, cocinera y viajera. Hoy, desde mi casa en Puerto Varas, disfruto dejando que todos los nuevos aprendizajes se vayan mezclando y potenciando, para expresarme de la mejor manera. Entre la casa, que terminamos con paciencia junto a mi marido, el huerto y el invernadero que creamos con antiguas ventanas recicladas, siempre estoy tratando de darle vida al interior y al exterior, logrando mejorar nuestro entorno y rodearnos de esos detalles que tan feliz me hacen. 

Y es que para mí la decoración no es algo superfluo o alejado de nosotros: la decoración está siempre presente para recordarnos que los espacios que nos rodean son nuestra segunda piel.

Tal como una rica comida necesita buenos ingredientes y aliños, los espacios que nos rodean necesitan dedicación, ¡necesitan que los mimes! Y siguiendo con la metáfora culinaria… Así como todos aprendemos a cocinar y somos capaces de diferenciar si algo está salado o no, también pasa con la decoración: cuando entrenas la vista y te inspiras, la decoración se hace parte de ti. Tal vez lo que buscas es un espacio para poder trabajar en calma y orden, o un nuevo ambiente para los niños de la casa, o simplemente te motivaste a preparar una mesa con más detalles para el almuerzo del domingo. 

Me encanta pensar que la decoración está presente en cada detalle, desde lo más micro, como detenernos a armar una linda mesa porque es lo que nos gusta y nos da felicidad, hasta lo más macro, como mejorar los espacios exteriores compartidos con otros, que ayudan a generar una mejor calidad de vida para todos. Porque cuando nos rodeamos de espacios armónicos, algo pasa en nosotros: hay calma, hay orden y hay felicidad.

A través de esta columna espero que podamos conectar con ideas, compartir experiencias y reflexiones que puedan ayudarte y, sobre todo, motivarte a mimar más tus propios espacios. Quiero que veamos que no tienes que sacar todo y comenzar de cero, sino que vamos a usar unos nuevos lentes para observar mejor aquello que tenemos y sacarle más partido… ¿Te animas?