Cristóbal Ugarte Parra, el Tololo: Mi abuelo y yo

Con sólo 21 años, el estudiante de arquitectura, músico autodidacta y nieto de la figura literaria que durante este septiembre cumple 100 años, revela cómo fue el proceso de curatoria junto a Sofía Le Foulon de la biografía visual Parra 100, y de paso nos cuenta intimidades de su abuelo, el gran Nicanor.

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Entre las muchas facetas que Cristóbal Ugarte Parra ha logrado desarrollar por culpa de su abuelo Nicanor ha sido la de interpretar, cada vez con mayor precisión, la cueca apianada: “Quizás no la toco tanto como él quisiera pero siempre me dice que en cada show o espectáculo que haga tengo que terminar con la cueca apianada porque con eso me voy a hacer ultrafamoso y voy a dar la vuelta al mundo… y quizás tenga razón porque es súper potente escuchar una cueca en piano”.

Durante los últimos años, y en especial en las últimas semanas, el Tololo, como le dicen sus cercanos, ha sido el portavoz, el gestor, a ratos el manager, y la sombra de su abuelo Nicanor. Piensa, respira, y a veces hasta se podría decir que ha mutado en él. Entre reconocimientos de las autoridades, actividades oficiales, homenajes públicos, aperturas de exposiciones, lecturas masivas de sus poemas, entrevistas en todos los medios, confiesa que, a días de que se cumpla el centenario de su abuelo, lo único que desea es un masaje de relajación, quizás en un spa, y dormir mucho. Pero está satisfecho, feliz, porque junto con el trabajo de co-curatoría con Sofía Le Foulon, pudieron armar una biografía visual del antipoeta, con una selección de 50 fotografías, registros de audio, material audiovisual y los textos de la periodista María Teresa Cárdenas, en el piso -1 de la torre B del Centro Cultural Gabriela Mistral.

Estamos en medio de la exposición pero la sala está a oscuras. Esperamos que los técnicos encargados nos enciendan las pantallas retroiluminadas que proyectan cada imagen: “Descubrimos que no había un lugar donde poner los focos dirigidos en esta sala, entonces surgió la idea de hacerlo con estas pantallas que al final son muy bonitas porque es como una ventana que se abre hacia el mundo de él, a tamaño casi humano, incluso más grande, que da la impresión de tenerlo en cuerpo presente, como esa fotografía en la que está sentado con su hija… La idea de tener los audios a través de los teléfonos que cuelgan en la sala es para hacerlo más cercano, es su voz la que te recita poesía, entonces es como estar hablando con él”, cuenta.
La culpa la tuvo una maleta. Un día cualquiera, pasado el terremoto del 2010, Cristóbal se propuso ordenar y organizar la biblioteca de su abuelo en la casa de La Reina; entre los papeles y los libros arrumbados, descubrió una maleta llena de fotos del antipoeta. Todas familiares, muy íntimas, con amigos, muchos retratos, haciendo cosas de la vida cotidiana como andando en bicicleta o leyendo. Esta es la muestra más personal que se va a montar en su centenario, “y es importante porque es una figura que para muchos es inalcanzable, escurridiza y venir a esta exposición es la manera más cercana de estar con él”, confiesa. Estas 50 fotografías se mezclan también con otras que en algún momento fotógrafos profesionales como Pin Campaña, Alexandra Edwards, Luis Poirot, Renato del Valle, Sergio Larraín y Paz Errázuriz, entre otros, alguna vez le tomaron.

“El sabe de todo esto. Todavía no lo traemos, pero la va a venir a ver. Para el día de su cumpleaños (5 de septiembre) va a estar en su casa, tranquilo, de seguro lo va a ir a ver mucha gente, entre ella la propia Presidenta Bachelet. Aunque nunca se sabe con él, puede que venga a Santiago y sea parte de la fiesta, pero yo creo que se va a quedar en Las Cruces”, cuenta sobre los planes para el día de los 100 años.

Para el Tololo, la figura de su abuelo Nicanor quizás sea incluso más trascendental que la de sus propios padres: “Mi abuelo como legado me ha hecho entender y comprender las cosas sencillas, lo propiamente tal, y que eso es lo que realmente tiene importancia. Sucede que cuando él saca a flote esas cosas sencillas, todo el resto se da cuenta que ahí había algo relevante de nuestra identidad e idiosincrasia. Por ejemplo, el lenguaje de los niños, él anota lo que dicen los niños y nadie le da mucha importancia a ese lenguaje, sin embargo él lo encuentra genial, porque dice que está ‘afuera del logos todavía’, que habla desde la ingenuidad y todo eso lo rescata”, y continúa con una infidencia: “El pasa por días, es muy cambiante. Hay días que no quiere decir una sola palabra, al otro día puede estar furioso, y al otro puede querer recibir a todo el mundo, pero siempre ha sido así, sin embargo conmigo tiene una relación muy horizontal, nunca me ha puesto problema por ir a verlo, sino todo lo contrario, me llama para que lo vaya a ver”.

Según el Tololo, la salud de su abuelo está en perfectas condiciones. “Es más, yo creo que se ha rejuvenecido con todo el afecto, el reconocimiento y la importancia que le han dado, es una energía que aunque él no lo diga, le afecta y para bien. Hace dos años se deterioró harto, porque le dio un lumbago, estuvo en cama y le costó salir de eso porque lo tuvo sin poder caminar, nosotros pensamos que no se iba a recuperar, pero fue increíble que ahora a los 100 años está caminando de nuevo y sin bastón, incluso se sube a su auto, lo hace andar un par de cuadras, es un fenómeno”, cuenta sin dejar de impresionarse.

Nicanor Parra está plenamente consciente de lo que está causando por estos 100 años de vida: “Lee el diario, ve las noticias, está al tanto de todo. Ahora a toda la gente que lo va a ver, como está en el año del centenario, con mayor razón le piden autógrafos o fotos y él les dice ‘pucha, ya quieren hacer trabajar al moribundo… y gratis más encima’, sin perder en ningún momento el humor”.

Le preguntamos cómo maneja su abuelo el tema del ego y la vanidad a estas alturas de la vida y dice: “Es súper cuidadoso con el ego. Vanidoso es desde lo positivo del término. Pero se cuida mucho de no caer en la sobreexposición, por eso costó tanto montar esta muestra porque en un principio no fue fácil convencerlo, de hecho, él fue el que escondió estas fotografías porque no quería que se vieran y eso lo vine a saber ahora, un día me dijo ‘yo debí haber escondido esas fotos’, o sea las escondió con intención porque no le gusta sobreexhibirse, porque ante una personalidad como él es muy fácil que te tilden de ególatra”, concluye.

Parra 100 estará abierta hasta el 14 de diciembre.

 

  • A mi me gusta el diseño, la arquitectura. Este mismo trabajo es bien de arquitecto. La música la tengo desde chico, nunca la he estudiado. Como arquitecto, así construyendo, no me veo, pero sí en cosas como estas, trabajos curatoriales, de diseño. También estuve involucrado en la artesanía del libro de esta exposición”, cuenta Tololo Ugarte

  • Esta es la maleta en la que Cristóbal “Tololo” Ugarte encontró las fotos que en gran parte se muestran en PARRA 100, montaje a cargo de Amercandia y que tiene al antipoeta en distintos momentos de su vida, como cuando posa de humita, camisa y chaqueta en 1932 con sus compañeros del Instituto Barros Arana. En su casa en Las Cruces descansa la foto con un epígrafe puesto por el propio Nicanor: “Todas íbamos a ser reinas”. Siempre el humor intacto.