Fiel a su estilo

The Polo Bar, el primer restorán de Ralph Lauren en Nueva York, es un homenaje al estilo de la marca. Paredes, pisos y techo de madera, con harto cuero y telas escocesas, son el marco perfecto para una comida digna de Mad Men.

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Puede que haya nacido como una marca de corbatas, pero a estas alturas, Polo Ralph Lauren es mucho más que eso. A la clásica propuesta de ropa se han sumado accesorios, perfumes y hasta restoranes. El último en ser inaugurado fue The Polo Bar, que abrió en enero de este año justo al lado de la tienda ancla de la marca, en Nueva York.

En plena Quinta Avenida, el lugar no puede ser más fiel al estilo de la marca: acá todo habla de esa onda ecuestre tan clásica; desde las paredes llenas de cuadros con caballos y trofeos, hasta las banquetas y sillas, todas tapizadas en cuero caoba. Y aunque uno está en pleno Nueva York, es difícil no sentirse como en una casa de la campiña inglesa (¡si hasta los revolvedores de tragos tienen forma de mazo de cróquet!).

Al entrar lo primero que se ve es el bar, con una gran barra de roble y latón martillado, y taburetes de cuero y madera. Ahí se puede disfrutar de la gran carta de tragos, con cócteles clásicos como un martini o un old fashioned. Para los fanáticos del whisky la propuesta es larga y atractiva: hay irlandeses, canadienses y hasta japoneses. ¿Como acompañamiento? Ostras, camarones, tablas de queso y carne y croquetas de jaiba. El menú fue creado de acuerdo a los platos favoritos de Ralph, y está compuesto básicamente por puros clásicos norteamericanos: acá no hay espacio para platos demasiado sofisticados o de nombres impronunciables, este es un bar con todas sus letras, uno donde se puede disfrutar de una hamburguesa con papas fritas o un jugoso bistec. Y de postre, brownies y helados, como el de café hecho con la mezcla original de Ralph’s, la cafetería que también lleva la firma de Lauren.

Si la propuesta culinaria es simple y bien clásica, acá lo que llama la atención por lejos es la decoración. Después de visitar el bar, que tiene hasta una chimenea para agregarle más onda y calidez al lugar, hay que bajar al comedor. Igual que en el bar, todos los pisos son de madera de roble reciclada, y las paredes están cubiertas con paneles de pino rescatados de un molino de 1860 en Alabama. La idea de Ralph Lauren era que este se convirtiera en un lugar atemporal, lejos de las modas. “Cuando cruces la puerta quiero que te sientas inmediatamente como en casa, y cuando te vayas, quiero que desees volver muy pronto”, es su leitmotif. “No estaba en mis planes que fuera un lugar de moda. No quiero ser el restorán hot. Quiero ser el restorán al que quieras regresar dos veces a la semana”.

Por ahora abren sólo en la noche, y si está en sus planes darse una vuelta por el lugar, le recomendamos reservar con más o menos un mes de anticipación, porque The Polo Bar se convirtió rápidamente en el lugar donde hay que estar. Si no, pregúntele a Bradley Cooper, Sienna Miller, Diane von Furstenberg o Woody Allen… Ya todos pasaron por ahí.

The Polo Bar, 1 East 55th Street, NY.