Siempre nos quedará… Downton Abbey

La sexta temporada ya se liberó en Inglaterra. En Estados Unidos se inicia en enero, a Chile llegará durante el primer trimestre del 2016 por Film & Arts, pero el final está acá. Prepare su mejor taza de té y unos scones de pepino y disfrute de este homenaje-adelanto que Revista ED le tiene preparado para decirle adiós para siempre a los Grantham y llevarnos en el recuerdo el inolvidable castillo de Downton Abbey.

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Fue al final de la tercera temporada. Casi al término del bucólico y acostumbrado capítulo larga duración de Navidad, cuyo estreno en la televisión británica se produce el mismo 25 de diciembre en horario estelar, cuando vemos a un dichoso Matthew Crawley (Dan Stevens) cruzar un verde prado a toda velocidad con su cabellera rubia al viento, cual novio de Barbie en versión entreguerras, camino a la mansión solariega donde todo era felicidad y plenitud para los Grantham. En ese momento, cuando nadie se lo esperaba, se dejó caer la desgracia. Y con ello la estabilidad de la serie, su continuidad. El protagonista, el príncipe azul, el heredero de toda esta mansión y de la tradición familiar, había muerto. Dejaba una viuda, la gélida y muchas veces insoportable Lady Mary, y un hijo pequeño. Fue la peor Navidad de la que cualquier seguidor acérrimo de Downton Abbey tenga recuerdo. Pero nada terminó ahí.

Julian Fellowes es el guionista inglés que ya había rondado esos mismos mundos junto al director Robert Altman en ese muy genial juego de Clue llevado al cine bajo el nombre de Gosford Park. Fellowes, autor de novelas como Snobs, se ha transformado en un experto obsesivo y fino observador de las clases y estatus de la sociedad inglesa, de los de arriba y los de abajo, trayendo al recuerdo inmediato esas series que veían nuestros padres, siempre importadas de la BBC y que no eran más que un fresco a veces bastante naïf del comportamiento de condes, duquesas, lords y ladies al final de la época eduardiana, esos años en donde era mal visto vivir en Londres porque era mejor hacerlo fuera de la ciudad, con las mínimas preocupaciones posibles, con perros de caza y criados a disposición. Julian Fellowes se vio en aprietos cuando el jovencito de la serie, Dan Stevens, recibió una suculenta oferta de Hollywood y se vio forzado a eliminar el personaje dándole ese trágico epílogo que a todos nos dejó con el alma en un hilo.

Con Downton Abbey es imposible no hacer la referencia inmediata con Upstairs, Downstairs, así como con Brideshead Revisited, esa novela de Evelyn Waugh que también tuvo su adaptación televisiva llevando a Jeremy Irons a la categoría de estrella. La acción de Downton Abbey tiene su punto de inicio en el naufragio del Titanic, en abril de 1912, en donde muere Patrick Crawley, destinado por la ley inglesa a heredar el castillo y el patrimonio de la familia. Patrick iba a casarse con Lady Mary, la hija mayor de Lord Grantham (por ser mujer, no puede acceder a la herencia), pero su muerte abre la certeza de la ruina del conde y los suyos. Salvo que la bella Mary, con un pasado dudoso a sus espaldas (hay en su vida un secreto que no conviene revelar), logre seducir al nuevo heredero, un joven y apuesto abogado de Manchester, pariente lejano de los Grantham, dispuesto a no someterse a los códigos de la aristocracia.

Pero quizás la razón por la que todos hayan caído rendidos de fascinación y no poca adicción ante un producto de ficción televisiva que se toma su tiempo y que retrata las costumbres de un mundo que dejó de existir hace más de un siglo, tiene que ver con que Downton Abbey finalmente se dejó llevar por la influencia del folletín y la teleserie. Pese a vestirse con las mejores ropas y la flema británica necesaria, esto no es más que una historia de Televisa filmada en las afueras de Londres y ambientada a principios del siglo XX. Ahí está la heredera que se enamora del chofer (que para colmo es irlandés y católico), el mayordomo bonachón que cae preso injustamente, los secretos de la señorita de la casa que es mejor no contar, el criado gay y arribista y la huerfanita que será la futura heredera y que su madre se niega a reconocer a causa del qué dirán. Nunca antes el menú a la hora del té había sido tan suculento.

Sin embargo, uno de los motivos centrales de la serie es la incapacidad de los Grantham para adaptarse a los cambios, a ese nuevo mundo que está a la vuelta de la esquina y que va desde el paso del caballo a los autos, de la vela a la luz eléctrica, y del rol de la mujer ya no como simple consorte sino como la administradora de una mansión o como editora de una revista femenina, que es lo que terminan siendo Mary y Edith, las hijas de Lord Grantham. En esa incapacidad de adaptación a los cambios, la serie encuentra a su personaje central, ese que quizás es el puntal en la existencia de todo este mundo; el rol está a cargo de la legendaria Maggie Smith, quién aportará las precisiones más punzantes y ese exquisito y flemático humor inglés que de antemano esperamos en una serie de este calibre.

En uno de los primeros episodios de Downton Abbey, en plena comida de recibimiento al primo Matthew –de profesión abogado y quien finalmente salvará la fortuna de la familia casándose con Lady Mary– Violet, la Condesa Viuda de Grantham (Maggie Smith, en el que es quizás el personaje más memorable de la serie) enarca la ceja y sin que le tiemble la taza de té, le pregunta con viperina curiosidad en qué momento pretende ocuparse de los asuntos de la mansión y él le responde que durante los fines de semana. Ella, con voz entre curiosa y asqueada y mirando al resto de la mesa, lanza la existencial interrogante: “pero, ¿Qué son los fines de semana?” En ese remate se resume el espíritu de la época y de una clase social, también está ahí circunscrito el propósito de la serie y lo que veremos hacia delante: un estudio acabado y casi protocolar de eso que los ingleses llaman las manners: las maneras, los gestos, lo que se dice y lo que se calla, cómo se organiza este entramado social dentro de un espacio reducido, cómo la servidumbre que muchas veces es incluso más snob que sus patrones, lucha por hacerse un espacio, en ocasiones en un constante juego de codazos y lucimientos; un mundo de miserias, pero también de la nobleza del ser humano. Quizás nunca existieron patrones que convivieran de manera tan transversal con sus criados como los Crawley, pero la serie escrita por Fellowes, si bien maltrata a sus personajes, también los muestra en su infinita filantropía dentro de los límites que les confería su casta social.

El castillo Highclere

El castillo Highclere quizás sea el gran protagonista de Downton Abbey. Es el escenario donde se han forjado todas las tramas. El gran retrato de la sociedad inglesa de aquellos años, de los que estaban arriba y los que estaban abajo. Los grandes señores y los criados. Esta mansión maravillosa está ubicada en el condado de Berkshire, Hampshire y fue construida en estilo “alto isabelino”, el que se refiere a la arquitectura inglesa de finales del siglo XVI y principios del XVII, cuando el estilo Tudor tradicional estaba siendo desafiado por las nuevas tendencias del Renacimiento italiano. Actualmente el castillo también es residencia de nobles: los condes de Carnarvon, quienes organizan visitas guiadas y alquilan sus jardines y salones para eventos privados. El castillo pertenece a esa familia desde 1679 y, tal y como apunta su web oficial, tiene una fascinante conexión con el antiguo Egipto: el quinto conde, junto al egiptólogo Howard Carter, descubrió la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes en 1922, el castillo desde entonces es hogar de una exhibición egipcia permanente. La construcción, con todas sus remodelaciones, fue diseñada en 1842 por Sir Charles Barry, responsable de construir las Cámaras del Parlamento en la Abadía de Westminster. El monumental castillo, que cuenta con más de 25 habitaciones, además de sus interiores y sus jardines, ha sido el gran atractivo de esta ficción televisiva.

El final

Si no quiere tener ninguna idea acerca de lo que va a pasar durante el último ciclo de esta historia, le recomiendo saltarse este apartado. Downton Abbey en su sexta y última temporada comienza –como es lógico– a cerrar sus historias. Ya lo habíamos visto en un par de capítulos de la temporada pasada, la irrupción de Henry Talbot (Matthew Goode) viene a estremecer la zona de confort emocional de Lady Mary, que se hará de rogar porque Talbot es aficionado al automovilismo, le gustan las carreras y ya sabemos del trauma de Lady Mary por la tragedia sufrida con Matthew. La suerte de Edith parece mejorar, se le ve más resuelta y con alguien rondando su corazón, pero antes deberá aclarar ciertos secretos que tiene guardados. Hay un feliz retorno a la mansión de dos queridos habitantes que se habían alejado. El padre de la familia sufre algunos malestares de salud; hay buenas noticias y dulces esperas para los Bates, y ya que estamos en el piso de los criados, se celebra una entrañable unión entre dos de nuestros personajes más queridos. Pero ya sabemos que las grandes sorpresas se desatan en el capítulo de Navidad. Que será la despedida y probablemente habrá que hacerse de una buena cantidad de pañuelos Kleenex. Sin embargo, Julian Fellowes guarda una cartita bajo la manga: mientras se escribe este artículo anuncia que se intenta la realización de una película que se convierta en el cierre definitivo de Downton Abbey. ¡A cruzar los dedos!

  • En marzo del 2011 se asomaron los Crawley por primera vez y el inicio de inmediato marco un fenómeno: 10 millones de espectadores solo en el Reino Unido. Con 6 temporadas, la serie es un acontecimiento que ha ganado Emmys, Globos de Oro, Baftas y Premio del Sindicato de Actores.

  • Sin Maggie Smith no existiría Downton Abbey. En su personaje se concentra el espíritu de la serie. Tanto es el interés que causa su personaje de la condesa viuda de Grantham que existen sitios de internet que venden poleras con las frases más celebres de su personaje.

  • El castillo Highclere ubicado en el condado de Hampshire se construyó el siglo XVII y es el escenario donde ocurre toda esta trama.

  • En el foyer principal donde los Grantham reciben a sus invitados han sucedido grandes momentos y han transitado un sinfín de personajes.

  • En estos pasillos transitaban criados y los dueños del castillo. La mirada ingenua e idealizada de esta nobleza ha alcanzado fanáticos de todo el mundo, desde la princesa Kate Middleton que los visitó en el set de grabación hasta la Primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, que no se pierde episodio.

  • Matthew Goode, a quien hemos visto en filmes como Watchmen y A single man, personifica a Henry Talbot y será quien al parecer le robará el corazón a la esquiva Lady Mary (Michelle Dockery). Todo esto se resolverá en la sexta y última temporada.