Subastando a Francis Bacon

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En el pasado solía ser postergado en las salas de ventas, desplazado por pintores estadounidenses deslumbrantes como Andy Warhol, Roy Lichtenstein y Jackson Pollock. Pero a medida que aumenta el apetito de coleccionistas ricos por el trabajo de Francis Bacon, los precios de sus obras se han disparado, superando a sus rivales de posguerra.

Ahora un lienzo de la serie de pinturas más famosa de Bacon, que muestra la imagen distorsionada de un Papa sentado, saldrá a la venta por un valor estimado de entre 25 millones de libras y 35 millones de libras (US$ 39 millones a US$ 54 millones).

La primera de las seis pinturas del «Papa» que Bacon pintó en 1961 para una muestra en el museo Tate, fue comprada en la misma década por el fotógrafo y coleccionista de arte Gunter Sachs, ex esposo de Brigitte Bardot, quien la mantuvo por 40 años antes de venderla en 2005. El Vaticano mantiene otro ejemplo de la misma serie en su museo en Roma.

Bacon estaba obsesionado con el cuadro de «Inocencio X» de Diego Velázquez, de 1650, y lo usó como inspiración para una serie de obras en las que trabajó y volvió a trabajar en los ’50 y los ’60. Su estudio estaba cubierto con imágenes de la pintura al óleo de Velázquez -junto con fotografías de Goebbels y Himmler- aun cuando decidió no ver la obra original cuando visitó Roma.

Oliver Barker, vicepresidente de Sotheby’s Europe, que subastará la pintura en Londres el 1 de julio, dijo que Bacon deliberadamente pintó la mayoría de sus obras «a distancia» de sus objetos de estudio, trabajando a partir de fotografías de sus modelos o reproducciones de otras pinturas en libros o posters.

«Esto le permitió no ser desplazado por la vida real, sino que pudo templar sus obras con sus propias interpretaciones», aseguró Barker.

Bacon es uno de los pocos artistas europeos de posguerra –los otros son Lucian Freud y Gerhard Richter- cuyas obras se venden regularmente por 20 millones de libras y más. Alcanzó los titulares en 2013 cuando sus «Tres estudios de Lucian Freud», un tríptico de uno de sus amigos más cercanos, se convirtió en la obra de arte más cara que se ha vendido en una subasta, llegando a US$ 142,2 millones en Christie’s en Nueva York (un récord superado el mes pasado por las «Mujeres de Alger» de Pablo Picasso).

La última vez que salió a subasta en 2005, «Estudio para un Papa I» (1961) consiguió 10 millones de libras, lo que fue un récord para el artista. Pero una venta incluso en la parte baja del último rango estimado equivaldría a un aumento de 150% en el valor.

Los artistas británicos de posguerra se han puesto de moda, con obras de Freud, Frank Auerbach y Leon Kossoff –artistas de la «escuela de Londres» que se apartó de la tendencia de la vanguardia en búsqueda de un trabajo figurativo- atrayendo altos precios.

«Todos estos artistas británicos están obteniendo un creciente interés internacionales y los valores de sus obras están subiendo», afirmó Baker.

La venta contemporánea de Sotheby’s tiene obras que suman cerca de 204 millones de libras, un 35% de las cuales pertenecen a artistas británicos. En la venta equivalente en 2010, representaban sólo 12% del valor total.

Baker dijo que parte de la explicación para la popularidad de Bacon es que los coleccionistas están más dispuestos a tener obras difíciles en sus paredes.

«El arte figurativo fue impopular por mucho tiempo, y en especial el arte que era sicológicamente muy desafiante. Estas son imágenes poderosas para convivir», explicó.

De forma simultánea, el mercado ha protagonizado una fase dramática de globalización. Hace diez años, los oferentes por las obras de Bacon provenían de tres países en promedio, afirmó Sotheby’s. Hoy provienen de 18, con un fuerte interés de Rusia y China.

El mayor precio pagado por una sola pintura de Bacon fue de 42,2 millones de libras por «Retrato de George Dyer hablando», vendido el año pasado en Londres por Christie’s.

Revise el artículo original en Financial Times.