Un lavamanos puede pasar desapercibido, o puede ser lo primero que se mire. Ahí está el punto de partida de Mima, la marca de la ceramista chilena María Ignacia Maturana, quien lleva más de quince años trabajando con gres, un material que le permitió explorar desde el oficio hasta llegar a piezas pensadas para acompañar la vida diaria.
Su trabajo comenzó de manera intuitiva, haciendo objetos utilitarios. Con el tiempo, esa práctica fue tomando forma en algo más definido: piezas hechas a mano, simples, sin exceso, que funcionan bien y se ven mejor con el uso.
Los vanitorios aparecieron después, casi como una consecuencia natural. Encargos de clientes y arquitectos abrieron la posibilidad de trabajar el baño desde otro lugar, alejándose de lo industrial para acercarse a algo más cercano, donde la forma, la textura y los esmaltes realmente importan.
Cada lavamanos se hace completamente a mano en gres de alta temperatura. El proceso es lento: modelado, secado, primera cocción, esmaltado y una segunda cocción. Varias etapas que no se pueden apurar, y donde cada pieza va tomando su forma final con pequeñas variaciones que la hacen única.


Nada está hecho en serie. Todos los vanitorios se desarrollan a pedido, partiendo por una conversación donde se definen dimensiones, tipo de instalación, color y detalles. Después, el trabajo pasa al taller, donde toma varias semanas.
El resultado no busca perfección industrial. Se queda más bien en otra idea: objetos que se sienten hechos, donde la materia se nota y donde el uso cotidiano no borra esa condición, sino que la refuerza a través de la calma, materialidad y belleza a los espacios cotidianos que cada una de las piezas aportan.
En un espacio como el baño —tan funcional, tan resuelto muchas veces—, Mima introduce algo distinto.
En Instagram la encuentras como @mimaceramicagres.




