Entre un bosque de árboles nativos, y a orillas del Lago Llanquihue, la arquitecta Lorena Mussa proyectó esta casa, que privilegia la vista a los volcanes. Con un interior cálido y luminoso, a cargo de Hugo Grisanti y Kana Cussen, se transformó en el refugio perfecto para sus dueños.

Cuando los dueños de este terreno ubicado a orillas del Lago Llanquihue llamaron a la arquitecta Lorena Mussa, el encargo fue claro: querían que les construyera un refugio, un lugar tranquilo, muy cerca del lago y donde pudieran arrancarse en cualquier época. Conocen el lugar hace muchos años, y tienen una casa de más de un siglo con arquitectura típica de los colonos alemanes donde veranean en familia, pero lo que buscaban esta vez era distinto, un contraste con lo que ya tenían. “Querían un espacio acotado, acogedor, muy de ellos dos, que les permitiera disfrutar de las increíbles vistas a los dos volcanes, a la playa y al lago, enclavado en pleno bosque”, cuenta la arquitecta.

La decisión fue entonces proyectar un programa muy simple, que no perturbara el entorno del bosque de árboles nativos y con buena altura: un dormitorio principal con baño y escritorio incorporado; un gran espacio común que incorpora el estar, el comedor y la cocina; una pieza para invitados, y un porche de acceso para dejar las botas, los ponchos y refugiarse de la lluvia antes de entrar. A pesar de su simpleza, el gran desafío era aprovechar las vistas al máximo, y para eso se hizo una planta con forma de estrella de tres lados, donde cada uno apunta exactamente y en el ángulo preciso hacia el volcán Osorno, el volcán Calbuco y al lago.

Para la construcción trabajaron principalmente en madera, siguiendo la idea de integrarse al bosque, “respetándolo y mimetizándose”, como dice la arquitecta. El revestimiento interior es madera tratada con tintes en tonos claros, y el exterior lo forraron en PV4 negro, casi sin ventanas en la fachada, logrando un vuelvo total hacia el lago.

El interiorismo estuvo a cargo de Hugo Grisanti y Kana Cussen, quienes se inspiraron en el estilo nórdico para crear un espacio muy poco pretencioso, con una paleta de colores que tiene relación con la madera del lugar. También incorporaron artesanías de la zona, como chales de lana, alfombras y tejidos mapuches. Otro detalle que llama la atención es la cocina, que fue completamente fabricada con árboles caídos del fundo. “Nos interesaba acentuar este contraste de fachada negra tipo refugio, con un interior luminoso y cálido”, cuentan los decoradores.