La primera exposición solidaria de ED SUMA se llevará a cabo en una espectacular casa proyectada por el arquitecto Christian de Groote hace más de 20 años. De espacios amplios, transparente y con finas terminaciones, está ubicada en un exclusivo barrio de La Dehesa. Y está a la venta.

Tras enormes muros de hormigón gris y una pesada reja de fierro, se esconde una casa de dimensiones, luminosidad y vegetación insospechada. Eso fue precisamente lo que buscaba su dueña, Virginia Leiva, cuando proyectó los planos junto al arquitecto Christian de Groote a principios de los 90. En esa época ella y su marido, tenían muy claro lo que querían, un espacio íntimo, “que desde afuera no dijera nada”, pero que al entrar se experimentara su amplitud, transparencia y jardín.

El primer encuentro con esta casa es un enorme patio central acompañado de nogales, cuyos brazos abren tajos en el muro. Por dentro, sus 700 metros cuadrados construidos están armónicamente concebidos y bien ocupados en grandes recintos, pasillos amplios, cielos altos y la permanente compañía de vistas a patios interiores, árboles y al jardín.

Estas características hicieron de esta casa el lugar perfecto para poder llevar a cabo la primera muestra solidaria ED SUMA, donde lo mejor de la moda, diseño y decoración nacional será expuesto y vendido con un 70 por ciento de descuento. Todo en beneficio de los niños con cáncer, a través de la Fundación Vivir más Feliz, específicamente para la creación de una de las salas del nuevo centro TROI Araucanía.

Su dueña nos cuenta que decidió prestar la casa para ED SUMA, la que actualmente se encuentra a la venta, porque ella también tiene una fundación y vive a diario y en carne propia las dificultades de juntar fondos para sacarla adelante. “Me conmovió el proyecto y creo que es fundamental ayudarnos entre nosotros”, agrega.

De un piso, la casa consta de un gran living, comedor y escritorio, todo con piso de piedra huasco. La cocina, también grande y espaciosa, fue recientemente remodelada por el arquitecto Germán Margozzini, de hecho nunca se ha usado. Cinco dormitorios, salita de estar, sala de billar, encantadores patios interiores y amplios pasillos, hacen de esta casa el lugar perfecto para exponer los exclusivos productos donados por las tiendas.

Además de nogales, pataguas, añosos pinos, palmeras, crespones y muchas otras especies escogidas en su momento por la paisajista Tere Chadwick, quien estuvo a cargo del proyecto, el jardín se desarrolla en torno a una gran piscina con cascada. Ahí, bajo una terraza ubicada en lo alto de una loma, se esconde el quincho y un taller donde su dueña pintaba.

Virginia admite que el barrio ha cambiado mucho desde que llegaron. De hecho fueron la primera casa del sector. Pero los cambios sólo han sumado cosas buenas, porque los árboles han crecido, los accesos han mejorado y la calidad de vida y tranquilidad de siempre, se han mantenido.