Es licenciado en Artes Visuales, máster en diseño escenográfico, estudió pedagogía en Artes Plásticas, diseño de vestuario en el reputado Teatro Colón de Buenos Aires y varias cosas más. Enumerarlos se haría infinito, pero es lo que ha convertido a Martín Eluchans en uno de los artistas más destacados de su generación.

Todo el aprendizaje que ha acumulado el artista Martín Eluchans –desde su licenciatura en Artes Visuales, hasta los estudios de Diseño de Vestuario en el Teatro Colón, en Argentina– lo ha llevado por un recorrido que pocos son capaces de transitar. ¿Un ejemplo? Ha trabajado en el Teatro Municipal y los más importantes teatros de España y Europa en general. “Desde chico tuve una relación muy potente con lo táctil, con las distintas materialidades y un sentido estético muy desarrollado”, cuenta. “Tengo muy arraigado el sentido de no pertenencia a los lugares (creo que la patria está más bien ligada al espíritu que a los lugares y a las personas) y fue por eso, creo, que fui armando un mundo en el que me sentí cómodo, estimulado y refugiado. Un mundo que no compartía ni pretendía compartir con nadie. Un mundo lleno de ideas que fueron conduciendo mis inquietudes hacia el área de la creación y del ingenio. También ligado a esa necesidad que tuve siempre de ser yo mismo, de alguna manera asumiendo y explotando esa no pertenencia a muchos de los lugares que me tocaba habitar. Suena paradójico, pero me sentía distinto y de alguna manera me gustaba y lo explotaba. Con el tiempo entendí que no pertenecer tiene mucho de bueno y por eso mismo hoy lo vivo como un privilegio, no soy de aquí ni soy de allá”, se define.

Su formación partió como escultor de la mano de su maestro Francisco de la Puente, tras lo cual, la galerista Isabel Aninat lo invitó a exponer su examen de grado en 2009. De ahí en adelante no paró, siempre buscando nuevos lenguajes: dibujo, cerámica, escenografía y bordado. De eso ya han pasado 10 años de exploración, en los que ha participado en muestras individuales, colectivas, ferias, residencias, bienales y concursos.

El bordado, que es el hilo conductor de su última muestra, vino más tarde, durante una estadía en Barcelona, donde trabajó varios meses entre extranjeros que no hablaban español. Ahí, dice, empezó a exacerbarse un sentido de no pertenencia que caracteriza su obra actual. “Empezó a darme vueltas la idea de buscar un nuevo lenguaje. Necesitaba volver a mi soledad y espacio para poder explotar todas estas nuevas inquietudes, sublimarlas. Fue así como descubrí el bordado, que ya llevaba dándome vueltas hace rato. Siempre me lo planteé como un medio de expresión más que un fin en sí mismo, por lo tanto era esencial buscar un mensaje potente y con un sentido profundo que se escapara de los conceptos típicos a los que se asocia. Era un desafío darle otra lectura sólida. Me entusiasmaba mucho la idea de este ejercicio reflexivo de hacer y deshacer, de esa puntada fina que requiere concentración absoluta, pero que a su vez puede ser deshecha en un segundo, aludiendo directamente a la política y sus complejidades. De ahí fue gestándose lentamente la idea de trabajar con mapas, siempre ligada al sentido de la pertenencia. Elegí diferentes conflictos territoriales que me interesaban y me lancé con Argentina y Reino Unido con la guerra de las Malvinas, muy probablemente uno de los conflictos que siguen llamando más mi atención por mi estrecha relación con Argentina. Decidí llamar al proyecto Fronteras y Límites, título que me parecía muy preciso y sugerente” afirma.

Hace unas semanas inauguró la muestra Dulce patria, copia feliz de edén en Aninat Galería, curada por Thiago Verardi. Esta exposición reúne obras desarrolladas desde el año 2015, con la serie Fronteras y límites, que consiste en la superposición de territorios en situaciones de conflictos hegemónicos o unificados por flujos migratorios. Explorando conceptos geopolíticos de la historia global y disolviéndolos, se relaciona la estética frágil del bordado con la incertidumbre de las circunstancias. “El hilo rojo representa la sangre y fuego que, metafóricamente, es la energía de los indomables instintos humanos: combustible para la revolución. El segundo acto de esta investigación nació de intervenciones en billetes, transfiriendo el enfoque de los escenarios a los rostros de los protagonistas de los problemas políticos: las autoridades militares que detentan el poder de la guerra, los héroes nacionales, la monarquía y los pueblos originarios. Como tercera y última acción, presento una bandera chilena bordada con la canción Miren Cómo sonríen, de Violeta Parra, encontrada en París en la década del 70”, cuenta.

Actualmente, Martín Eluchans está preparando su participación en una muestra colectiva en Lisboa y una exposición bipersonal en Nueva York. Junto a eso, da clases de bordado creativo en su taller y cada cierto tiempo imparte talleres grupales de exploración del imaginario personal, búsqueda de referentes y desbloqueo de la creatividad, siempre en bordado.