100% arte

Prem Sarjo es artista las 24 horas del día. Vive y trabaja en el mismo lugar, un departamento en el Parque Forestal donde el arte se siente y se ve en cada rincón: un espacio luminoso donde siempre está pasando algo.

El artista Prem Sarjo dice que tiene suerte para encontrar espacios. Tuvo un galpón increíble en el centro de Santiago, una casona en Providencia y desde hace 8 meses está instalado en un departamento frente al Parque Forestal. Cada vez que caminaba por Ismael Valdés Vergara miraba este edificio –uno de los más lindos de la cuadra– y pensaba cuánto le gustaba, hasta que finalmente se desocupó un departamento en el segundo piso.

Es en este lugar, un espacio con un parquet impecable y altos muros blancos, donde instaló su estudio y su casa. “Me encanta el parque y me gusta el silencio, soy maniático con el ruido. Acá estoy tranquilo, encontré un espacio donde vivir, trabajar y recibir a mis clientes, estoy cómodo. Voy a La Vega, hago yoga en el parque, salgo a caminar… Todo a pie o en bicicleta, es ideal”, cuenta.

Lo mejor es que también está cerca de una de sus grandes obsesiones: Ejercicios Mosqueto, un proyecto que lo tiene a full y que comparte con los artistas Manuel Peralta y Walter Bee. Inevitablemente, aunque estemos hablando del departamento o de su carrera, terminamos volviendo una y otra vez a lo mismo, esta galería que armaron a pocas cuadras de su casa, un espacio pequeño donde están pasando cosas grandes. “Es un proyecto de artistas, independiente y autogestionado, destinado a la experimentación en arte contemporáneo desde la investigación. Entendemos ejercicio como la búsqueda de nuevas formas de pensar y producir arte”, dice su manifiesto.

En la vida de Sarjo todo parece tener que ver con el arte. El departamento está lleno de pinturas, fotografías, instalaciones y esculturas objetuales, muchas terminadas y otras tantas a medio hacer; de investigaciones en proceso y de literatura especializada. Le pregunto si no es difícil trabajar y vivir en el mismo lugar y me mira casi con extrañeza. “Es muy práctico”, me dice. “Mi trabajo tiene mucho que ver con mi vida diaria”. Parte de su investigación desde el año 2000 es sobre eso: recolectar todo lo que produce su cuerpo, desde el pelo que se le cae, hasta las boletas de las compras que hace en el almacén de la esquina. En una de las mesas de su estudio se pueden ver decenas de diversas aglomeraciones, como pelusas de esas que junta el filtro de la lavadora y que lo tienen fascinado por sus formas. Más allá, centenares de frascos de vidrio cuidadosamente ordenados, algunos con las bolsas plásticas de colores que le dan en La Vega, otros con cordeles, tapitas de plástico, bolitas de papel, todos desechos cotidianos de su consumo personal. Es como si en cada rincón hubiera una obra esperando su momento.

Y aunque donde uno mire hay algo interesante, es un espacio muy despojado. Los únicos muebles que hay son un par de sillas para recibir a las visitas y sus mesas de trabajo. “Si está lleno de cosas no puedo pensar. Siempre está ordenado, si no, me distraigo. Cuando viene gente ambiento un poco, pero la idea es que esté siempre limpio y ordenado para poder pensar con claridad”, dice.

Una de las ventajas de vivir en su estudio es que si en la mitad de la noche se desvela, puede ir a la pieza que está justo al lado, que es su taller de pintura, y trabajar. A veces pinta y otras sólo mira. “Es mucho de contemplar, sobre todo de entender qué estoy haciendo. Pensar, leer, investigar, darle la vuelta. Cumplí 50 años y estoy más reflexivo, más para adentro. En una nueva etapa en la que no me interesan las imágenes, quiero llegar a algo mucho más profundo fuera de la representación”.

Además de la investigación que hace para Ejercicios Mosqueto, donde actúa como artista y curador, desde 2013 es curador asociado para la Venice International Performance Art Week, trabajo por el que está viajando y en contacto permanente con artistas de todo el mundo. Y por si fuera poco, ahora está organizando en su estudio una clínica de obra para estudiantes egresados de arte. A partir de abril, se va a juntar una vez a la semana con los ocho seleccionados para conversar acerca de sus obras y procesos creativos. “Una experiencia para aprender y afinar la puntería, tanto para mí como para los artistas que participen”, dice.

premsarjostudio@gmail.com