*Publicada originalmente en noviembre de 2013.

En medio de la ciudad, este gran parque de árboles frutales, castaños y aromos hace sentir lejos. En ella sigue en pie una de las primeras casas Elton, muy bien remodelada y decorada por su dueña, cuya hija cuenta en primera persona parte de su historia.

Cuatro generaciones han pasado por este lugar, que simplemente llamamos La Parcela. Mis abuelos la compraron el año 1950, cuando la ciudad aún no llegaba a estos barrios. Cuando todavía se venía a veranear, a cosechar frutas y a cortar flores para la casa de Santiago.

La Parcela la hicimos nuestra desde el momento en que nacimos. Todos guardamos los mejores recuerdos familiares. Las Navidades en torno a una misa en el jardín, las tardes de piscina en sus frías aguas, las tertulias políticas bajo el castaño, el Tata en su chaise longue en la terraza oyendo con interés cualquier conversación, los matrimonios con los frutales de protagonistas, los cumpleaños, los asados y los partidos de fútbol de los niños. Todos, todos los recuerdos familiares han pasado por esta casa. Una casa que, sin pretensiones ni complicaciones, ha estado abierta siempre.

Hace dos años quedó en manos de uno de los ocho hermanos y hoy, aunque sufrió algunos cambios, sigue siendo la casa abierta para todos. Siguen siendo los caquis, los castaños y los higos los frutos que se trasladan en canastos a nuestras casas en recuerdo de nuestros abuelos.

Esta casa Elton fue intervenida por el arquitecto Julio Hernández, quien junto a mis padres supo darle otros aires más frescos y más claros. Creo que mi mamá logró imprimir en la decoración su encanto y chiste que la caracterizan e hizo que esta casa tomara nueva vida, pero sin dejar atrás los recuerdos vividos en ella.

En su interior, muebles heredados y campestres; otros, comprados donde Enrique Concha y donde Rubén Vergara en el Parque de los Reyes, se mezclan con tapices y géneros de Rosita Gayangos y cortinas de María Piedad Velasco.

Frutales, añosos castaños y aromos, bancas bajo sus sombras y macizos de flores forman parte de este jardín bonito, pero simple, y que hace poco fue muy bien intervenido y actualizado por la paisajista Margarita Alamos.

Interiores y exteriores que logran convivir armónicamente y le dan a esta familia y sus amigos un lugar en el medio de la ciudad de paz y tranquilidad.

El ruido del agua de las acequias, la frescura de los almendros en flor, las castañas en el suelo listas para ser recogidas, la cancha de fútbol donde los arcos y la pelota siempre están en sus posiciones, el largo camino rodeado de hortensias y lirios nos llevan donde Luchito y la Nena, sus cuidadores, que nos despiden en el portón. Atrás queda este lugar muy querido por la familia, que por cariño y sin uso de razón, quieren perpetuar por generaciones como un gran tesoro.

Sé que mis abuelos desde los cielos la caminan y disfrutan a diario junto a sus hijos, nietos y bisnietos.