El arquitecto de interiores sueco es considerado uno de los mejores diseñadores de restoranes y hoteles de su generación. El secreto, asegura, está en que todo debe trasmitir una emoción.

Nombre un restorán, hotel o bar de moda en Londres y lo más seguro es que Martin Brudnizki sea el responsable de su interiorismo. Lo mismo podría pasar si piensa en uno de Nueva York, París o, incluso, de Arabia Saudita. El arquitecto de interiores sueco es considerado un artista a la hora de desarrollar un proyecto de hospitalidad y uno de los talentos más codiciados de la industria.

Su amor por el diseño comenzó desde muy chico, pero no fue a eso a lo que primero se dedicó. Brudnizki estudió Economía en la Universidad de Estocolmo, influenciado por lo que sus padres pensaban era bueno para él. De ellos heredó la comprensión estética y también una conexión con la funcionalidad. Su padre era un aristócrata polaco que, después de ver la fortuna de su familia destruida por la guerra, escapó de Varsovia en un crucero por el Báltico y llegó a Estocolmo con nada más que la ropa que llevaba puesta y algunas joyas de la familia. Ahí empezó una nueva vida como ingeniero mecánico y se casó con una alemana, la madre de Brudnizki, que trabajaba como estilista.

Al terminar su carrera, Martin decidió dedicarse a lo que le apasionaba. Se trasladó a Londres, donde estudió Arquitectura Interior. Después de trabajar en importantes firmas de diseño, estableció en la capital británica su estudio, Martin Brudnizki Design Studio (MBDS), en el año 2000, y dos años después uno en Nueva York. En 2015, además, fundó And Objects, un estudio de diseño de productos. A pesar de sus trabajos residenciales, poco a poco se convirtieron en una firma reconocida por sus proyectos de hospitalidad: restoranes, bares, hoteles y clubes privados.

A lo largo de los años fue influenciado por varios diseñadores, “desde las impresiones vibrantes y los patrones de Josef Frank, con los que mi madre estaba tan encariñada, hasta la elegante arquitectura de Carlo Scarpa. También, la arquitectura icónica de Gunnar Asplund y los audaces colores y diseños de la estadounidense Dorothy Draper. Los diseños de Alvar Aalto siempre alimentarán mis energías creativas”, afirma.

Publicaciones como Wallpaper Magazine lo han descrito como “uno de los mejores diseñadores de restoranes y hoteles de su generación” y su nombre aparece regularmente en la lista de las mil personas más influyentes de London Evening Standard en el Reino Unido, en los 100 mejores diseñadores de interiores de House and Garden, en los mejores arquitectos y diseñadores británicos de Elle Decoration y como uno de los 50 Mejores Diseñadores de Interiores del Reino Unido, según Country and Townhouse.

Es que actualmente las personas buscan más que una rica comida cuando salen a un restorán o una buena atención al llegar a un hotel. Esperan una experiencia, donde también el interiorismo esté a la altura. El secreto para crear ese ambiente está claro para Brudnizki. “Todo debe tener una emoción; uno quiere sentir algo mientras está ahí. Con cada proyecto, comenzamos estableciendo esta emoción: ¿cómo queremos que nuestro cliente se sienta en su restorán, hotel o bar? Una vez que esto se establece, recurrimos a una rica materialidad y esquemas de color que ayudan a unir esto”, nos cuenta desde Londres.

Aunque por estos días sueña con diseñar una casa en el archipiélago sueco y volver a sus raíces, la lista de proyectos donde puede verse su trabajo es extensa. Desde el club privado Annabel’s, los restoranes The Coral Room, The Ivy, The Wigmore, Dean Street Townhouse, Scott’s, Hix, J Sheekey Oyster Bar, Le Caprice y el Aquavit, en Londres, el Pink Mamma y Le Gramont en París, hasta los hoteles Twenty Eight en Ámsterdam, The Villa Kennedy en Frankfurt, las suites del Gran Hotel de Estocolmo y el University Arms en Cambridge. También, del otro lado del océano, están los hoteles Four Seasons de Hampshire, The Beekman en Nueva York, el Soho Beach House y The Confidante en Miami y The Assila en Arabia Saudita, y los restoranes Bullion en Dallas, Sessanta en Nueva York, Matsuhisa en St. Moritz, Cecconi’s en Los Angeles y en Miami Beach y el Drake One Fifty en Toronto, entre muchos otros.

Si hay algo que representa al interiorista son los espacios con personalidad: muchos patrones, sillas de fierro tapizadas de colores, banquetas de cuero café, azul o rojo, sillones de terciopelo rosado, plantas y un gran mix de texturas; elementos que funcionan a nivel práctico –porque deben resistir el desgaste producto de la alta rotación de personas– sin dejar de ser elegantes, cómodos e innovadores. “El color es el elixir de la vida. El negro es muy duro. Es por eso que a la gente le encantan nuestros interiores. Es como entrar a una tienda de dulces. Ellos entran y piensan: ‘vamos a pasar un buen rato aquí’”.

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