Casa Manifiesto

Infiniski es el nombre del proyecto que los arquitectos James&Mau han traído a Chile: diseño bioclimático, reciclaje, reutilización y reducción de materiales de construcción, materiales y sistemas constructivos no contaminantes y la utilización de energías renovables, son la clave de esta moderna arquitectura.

James&Mau es un estudio internacional con base en Madrid, fundado en 2007 por Jaime Gaztelu y Mauricio Galeano. En esta oficina ofrecen el desarrollo de proyectos competitivos a particulares y empresas, pero además, ambos profesionales forman parte de Infiniski, una empresa que se dedica a la construcción modular de inmuebles ecológicos de diseño, caracterizados por una gran rapidez de ejecución y por su eficacia presupuestaria.

Tras la serie de proyectos que ha desarrollado Infiniski, los arquitectos llegaron a Chile para construir Casa Manifiesto, una casa hecha en 90 días con tres contenedores marítimos reutilizados, según explica la revista AD desde España.

Si sólo este dato ya resulta llamativo, aquí va el detalle: Uno de los contenedores está dividido en dos partes, a su vez separadas, que sirven como soporte estructural de los dos contenedores del primer piso. Sumándolos, darían una superficie de 90 metros cuadrados, pero gracias a su distribución, los arquitectos consiguieron 160 metros útiles.

Una de las principales características de este proyecto, explican en la publicación, es que todo se resume en un espacio bien aprovechado, lo que se traduce además en la reducción de materiales utilizados.

La Casa Manifiesto está ubicada en Curacaví y sus dueños disfrutan de su diseño bioclimático que se adapta a la comuna, muy calurosa en verano y muy lluviosa en invierno.

«La casa se viste y se desviste en verano y en invierno mediante una piel solar transventilada tanto en fachadas como en cubiertas (cámara de aire de separación entre piel y fachada/ cubierta de contenedor). Se viste con la piel en verano para protegerse del sol creando un efecto de refrigeración natural pasivo. Se desviste en invierno para permitir la incidencia del sol, ya sea sobre la chapa del contenedor o sobre los ventanales y crear un efecto de calefacción natural pasivo».

Además, las cubiertas de la casa permiten controlar la entrada del sol directo a través de los ventanales. En invierno se levantan al máximo para permitir la entrada del sol más tendido «y generar un efecto invernadero al interior. En verano se bajan más o menos dependiendo de la hora del día y de la temperatura exterior para un efecto de ventilación natural».

Con los elementos mencionados anteriormente, más el uso de placas solares, la casa alcanza una autonomía energética del 70%, eso sumado al 85% de materiales reciclaros, reutilizados y/o no contaminantes.

En cuanto al interior, la manera en que sus dueños han combinado modernidad y el aire industrial de los contenedores con elementos vintage también es motivo de conquista para quienes visitan la casa. Tal como dice AD, en esta cada hay todo un manifiesto.

Conozca más detalles de esta casa en AD.