Color shock

Este departamento no puede reflejar mejor a su dueña. Una mujer de espíritu libre, amante de los viajes y que no tiene miedo a las mezclas ni al color. La decoradora Ximena Tannembaum captó esa energía desbordante y la dejó fluir.

Este departamento es pura estimulación. Un espejo, un buda, un cuadro antiguo, una virgen, el color de una pared… todo llama la atención, partiendo por su dueña, que lleva puesto un vestido amarillo y collares que suenan al andar. Se cambió a este edificio en La Dehesa hace menos de un año, luego de vivir casi dos en un lugar que compartía con una amiga. “Dos de mis hermanos se compraron acá y me pareció buena idea que estuviéramos todos juntos”, cuenta. “Es más amplio y tiene una mejor distribución, pero sobre todo tiene unas vistas increíbles. Todo es verde, tengo el cerro detrás, pareciera que estamos fuera de Santiago”.

Siempre lo vio como algo un poco más definitivo, por lo que decidió asesorarse con la decoradora Ximena Tannenbaum para dejarlo a su pinta de una vez. “No nos conocíamos, pero congeniamos altiro. Creo que tenemos gustos personales muy similares, así que ella entendió mi estilo en un segundo”.

Lo primero fue cambiar los revestimientos de los baños y cocina. “Eso permite marcar inmediatamente una diferencia, que es lo que ella quería”, explica Ximena Tannenbaum. “En la cocina optamos por un piso de porcelanato blanco y negro como ajedrez, para poner una mesa antigua de comedor de diario con sillas de diseño clásico. En los muros usamos una pintura negra con imán, donde ella pudiera escribir y anotar sus cosas”. Los baños se rediseñaron por completo y para el principal Ximena hizo muebles con espacios para todas las cremas, perfumes y cosas que la dueña de casa usa a diario.

Listo eso, se lanzaron a decorar sin miedo, reutilizando todo lo que ella ya tenía. “Casi todos los muebles para mi antiguo departamento los compré a través de Facebook. Buscaba las palabras clave que a mí me interesaban –por ejemplo, normando, vintage, etc.– y así llegué a varias tiendas que eran verdaderos datos”, recuerda. “A mí me gusta mezclar todo, que no haya una línea clara, que nadie pueda decir ‘este departamento es minimalista o mediterráneo’. A mucha gente le choca mi casa al entrar, porque hay una mezcla de colores y de cosas que es poco común, pero después todos se terminan sintiendo cómodos y preguntándose ¿por qué no? Es un estilo que me representa a mí, más que una moda, y eso es algo que también trato de hacer con mi imagen personal”.

En el living, el protagonismo lo tiene un inmenso mueble-bar que no sólo guarda vasos y botellas, sino que también exhibe objetos que la dueña ha comprado en sus viajes. Ahí pone de todo: un buda hecho por la misma Ximena Tannenbaum, un ganesh que le regaló una amiga y un Cristo con luces que se compró en una tienda china cuando vivía en Barcelona.

El comedor fue el único espacio que armaron desde cero. “Me encanta invitar a comer, hacer aperitivos, atender… por eso me importaba que fuera un lugar entretenido, distinto, arriesgado. Cuando la Ximena me mostró la propuesta, me encantó”.
Pero el espacio preferido de la dueña de casa es el tocador, una pieza que se armó especialmente para contener sus carteras, sombreros, zapatos y miles de accesorios… el sueño de cualquier mujer. “Como soy soltera todavía, fue como el gran gusto que me quise dar, es totalmente un capricho. Tengo muchas cosas de hace años que, por desorden, no encontraba y dejaba de usar… Quería un lugar que tuviera todas mis joyas (pura bijouterie), anteojos, tocados, maquillaje, ropa, etc. a la vista”.