Complemento perfecto

En esta casa todo se hace de a dos. Mientras Francisco Arthur cocina, su mujer, la decoradora Lucía Ugarte, hace la producción; él tiene un ojo único para el arte y las antigüedades y ella pone el toque moderno en la decoración. Juntos han logrado armar una casa llena de historias y cachivaches, como ella misma los define, donde cada rincón se usa al máximo.

El primer día que la decoradora Lucía Ugarte salió a buscar casa encontró ésta y le encantó. Tuvo de esos golpes de suerte como pocos en la vida: era un condominio que habían hecho entre ocho amigos y esta era la única casa, completamente nueva, que estaba a la venta; además, quedaba a una distancia caminable del colegio de sus hijos, que era una de sus prioridades en la búsqueda. Tanto le gustó el lugar, que firmó la promesa de compra sin que su marido la hubiera visto. “Confío en ti plenamente”, le dijo él. Y la Luli, como todos le dicen, se lanzó.

Han pasado 17 años desde que se instalaron, y la casa la siguen disfrutando como el primer día. Ahora los cuatro niños están más grandes, pero siguen almorzando juntos los domingos, siempre en el comedor. “La casa es de todos, eso es lo que me gusta. Acá se usa cada uno de los espacios. El primer lugar donde entramos cuando llegamos a la casa es a la cocina, ahí pasa todo. A pesar de que es chica, es nuestro punto de reunión. Además que a todos les gusta cocinar”, cuenta. Y no sólo les gusta cocinar para ellos, también son buenísimos para convidar, “es una casa abierta”, dice. La Luli cuenta que Pancho, su marido, cocina increíble y además le encanta, así es que cada invitación es todo un evento.

Entre la buena mano de él y su gusto por poner la mesa linda (tiene una cómoda envidiable llena de manteles, individuales y servilletas), ir a comer a su casa es el mejor panorama para los amigos.
En la decoración también han logrado el complemento perfecto. Aunque Lucía es la decoradora oficial de la casa, Francisco también opina, y harto. Siempre la molesta porque le encanta cambiarlo todo, constantemente. “Por mi trabajo estoy siempre rodeada de cosas maravillosas y me voy aburriendo… Entonces voy cambiando. Trato que sea sutil, porque Pancho dice que él nació con el sofá de terciopelo beige en su casa y cuando se fue el sofá seguía siendo de terciopelo beige”, cuenta. En cambio acá, en los 30 años de matrimonio, los sofás del living han pasado por ocho tapices distintos… “Una falta de sobriedad”, le dice él.

Pero también se entretienen mucho buscando cosas lindas. Son buenos para ir a remates, a anticuarios, a ferias y casi siempre encuentran algo, aunque sea un detalle mínimo. “Los dos somos buenos para vitrinear cosas de casa. Nos gusta el cachureo, los cachivaches, escarbamos… Nos gusta el cuento”, dice Lucía. Además, este gusto no es sólo de ellos dos, también los hijos están súper metidos en la decoración y les importa. Según la Luli, es una casa donde todos tienen un tema importante con la estética, y donde les interesa todo: desde las servilletas hasta los cuadros.

También tienen cosas con historia: la cómoda que heredaron de la familia de Francisco; la sillita que compraron en un remate y que hasta hoy tiene el tapiz original, gastado y todo; la primera mesa de centro que tuvieron en su casa de recién casados (que ahora está en la terraza) y las cosas que se han regalado entre ellos: la cama que le regaló la Lucía a Francisco para su cumpleaños o el mueble que le compró él en un remate del Teatro Municipal cuando nació su segundo hijo. Y aunque esas historias no siempre se cuenten, casi se sienten en el ambiente, con una mezcla perfecta de cosas nuevas y antiguas, ultra tradicionales y más modernas.

El jardín es otra de las fascinaciones de la dueña de casa. Cuando llegó, no tenía idea de jardinería, pero de a poco fue aprendiendo hasta que logró armar este refugio. “Me hace muy feliz el verde. Es como una sensación de limpieza, de frescura, me encanta”, cuenta. Lo mismo le pasa con las flores: acá los floreros están siempre bien armados, con flores que ella misma va a buscar al Terminal.

Y aunque el espacio no es demasiado grande, han sabido aprovecharlo al máximo. Según Lucía ese es uno de los talentos que tiene como decoradora, y sus casas siempre han funcionado como un lugar para experimentar. “Yo siempre he vivido en casas chicas porque las encuentro más encantadoras, y soy lo más de rincones que hay. Me gusta el detalle, soy cero minimalista, al contrario, soy completamente maximalista”.