Delicada precisión

Fotógrafo, diseñador, escultor y director de arte, Piero Gemelli también ha volcado su desarrollado sentido estético en su casa de Milán. Un contenedor racionalista que es su alter ego decorativo.

Antes de convertirse en un famosísimo fotógrafo de moda, Piero Gemelli estudió arquitectura y diseño gráfico en Roma para luego establecerse en Milán; ahí trabajó para la editorial Condé Nast y en paralelo realizó importantes campañas publicitarias para Tiffany, Gucci, Lancôme, Estée Lauder, Revlon y Shiseido. Pronto fue reconocido a nivel mundial por sus audaces fotografías e imaginativas campañas publicitarias, todas sensuales, potentes y refinadas. “Cuando hago un retrato pienso en la historia de la persona, igual que lo haría un periodista o un escritor”, cuenta.

Piero Gemelli es un fotógrafo singular con una técnica que ya domina tan bien que constituye su segunda piel. “Ahora vivimos una época apasionante, no sólo en lo creativo, sino también en lo técnico. Son tiempos de descubrimientos fundamentales, que se parecen a los de los pioneros de la fotografía. Es apasionante lo que nos espera con el sistema digital”.

Pero Gemelli es una figura creativa en 360°, que también se expresa a través de la pintura y la escultura, como lo demuestran sus obras en alambre que apasionan tanto al público como a los críticos de arte.

Vive en un edificio industrial milanés de aproximadamente 400 metros cuadrados, donde además trabaja. Lo comparte con su gran compañera de vida, Beatrice Rossetti, set designer de moda y decoración. Los dos juegan un papel de vanguardia en la escena cultural contemporánea y han ido consolidando una trayectoria creativa muy exitosa, cuyos mayores desafíos y logros se reflejaron en el momento de planear el espacio en el que viven: una gran nave con lucernarios que es un contenedor casi teatral para la colección de muebles y objetos que poseen. Es que los dos frecuentan con pasión ferias y mercados en busca de objetos curiosos, de cuadros y muebles con los que han ido decorando la casa. Muchas veces carecen de valor, pero Piero se encarga de transformar cada objeto y llenarlos de espíritu. El resultado es el de una estética muy sofisticada con un punto de sencillez y de racionalismo arquitectónico.

Pero no sólo la estructura de la casa fue objeto de una atención precisa y ajustada. También se observa una acentuada reflexión en los aspectos más sensuales de la planificación de los espacios, como es el caso de la elección de los colores, de los materiales y de los muebles. La rigurosa arquitectura, algo masculina y compacta, fue agilizada por un juego de tonos y texturas en los muros, además de una dinámica de variados niveles que distingue a toda la construcción. El sitio es impactante por donde se lo mire –por su gran altura, por lo luminoso y por la amplitud del espacio–, lo que permitió armar diferentes ambientes cuya separación, en algunos casos, se hace a través de muros o paneles giratorios. El gran ventanal del salón asoma a un patio jardín. Por una rampa lateral que sale del salón se accede a una pasarela que conduce al dormitorio principal. Las zonas de cocina, dormitorios y baño fueron estratégicamente ubicadas para permitir una dinámica ideal entre los espacios de vida cotidiana y vida laboral. Un interesante ejercicio de arquitectura y escenografía creado por Piero Gemelli que confirma que ahí estuvo su mano y su mirada.