Winston Churchill, Franklin Roosevelt, Alfred Hitchcock e Yves Saint Laurent alojaron en sus suites antes de la remodelación completa encargada al interiorista francés Jacques García, autor del célebre Hôtel Costes y el elegante Royal Monceau, ambos en París. Mi identidad, sin ser tan afamada como la de estos grandes personajes, se paseó por los jardines de La Mamounia incluso en sus días de mayor decadencia. Los postigos rotos, los zócalos desvencijados y la azulejería descolorida no consiguieron nunca arruinar su simbolismo europeo en la ciudad más exótica del norte de África. Ni me desanimaron a alojarme en él todas las veces que pisé Marrakech desde aquella primera experiencia con mi padre en 1959. Volví por última vez en noviembre de 2018 y ahí seguía vigente el que a todas luces puede considerarse uno de los templos hoteleros más fastuosos del mundo. Una década atrás, los artesanos más finos del reino alauí –hasta entonces propietario del palacio– restituyeron los zelij (mosaicos), las puertas marqueteadas, los artesonados, los estanques interiores y la geometría de arabescos que conforman sus jardines, reviviendo su gloria y convirtiéndolo en un destino que hay que visitar.

La Mamounia

Avenida de Bab J’Did. Marraquech, Marruecos.

mamounia.com