Impredecible

En este estudio-taller nacen las cosas más increíbles. Acá se piensan, procesan y elaboran las obras de Sebastián Errázuriz, uno de los artistas chilenos contemporáneos más reconocidos en el mundo. Sus 600 metros cuadrados están adaptados para diseñar desde un jet privado hasta un zapato, pasando por abrigos hechos con peluches y ataúdes con motor, entre otras cosas fuera de lo común.

Este estudio–taller es tan extraordinario como su dueño, el chileno Sebastián Errázuriz. Las piezas que se exhiben en los pasillos y en la galería hablan sobre sus multifacéticas obras de arte y diseño, las que esconden un profundo significado sobre la fragilidad de la vida, la guerra, la violencia y las desigualdades, entre otras problemáticas de carácter social. Sebastián sabe cómo generar conciencia en su espectador y lo hace de la forma más inesperada. Este año lo hizo con una intervención en el Times Square, A Pause in the City That Never Sleeps, un video proyectado en el que aparecía él en primer plano, simplemente bostezando.

Desde el orden de las cosas hasta la distribución de los espacios fueron pensados por el artista para hacerlo lo más funcional posible, sin ninguna pretensión estética. Todo lo que se ve está en constante movimiento, excepto el blanco de las paredes, el cielo y el suelo –lo único que nunca cambia–, que busca asegurar una buena luz. “Cualquier ‘decoración’ se forma accidentalmente por los trabajos y las piezas de diseño que se desarrollan en el estudio en el momento”, cuenta Sebastián. Las obras que se exhiben se recambian esporádicamente y siempre aparecen cosas nuevas: zapatos que representan distintos prototipos de mujeres, imágenes de Cristo intervenidas y muebles multifuncionales son algunos de sus diseños icono que están ahí…

Sebastián adaptó los seiscientos metros cuadrados de una planta abierta ubicada en Brooklyn, Nueva York, con cuatro zonas divididas según las etapas de elaboración de los proyectos. Es acá donde él medita y desarrolla sus ideas, trabajando desde las ocho de la mañana hasta las seis y media de la tarde, junto a un equipo de cuatro personas.

Todo lo que se ve nació de su creatividad e ingenio, y estuvo reposando por un tiempo en el “wine cellar for ideas”. Se trata de una pared con más de 750 bosquejos de proyectos, que está ubicada detrás de su escritorio. Hay algunos que llevan semanas, meses e incluso años pegados en el mismo lugar, a la espera de que el artista descubra que hay algo interesante atrapado dentro de ellos. Sólo lo que logra sobrevivir al paso del tiempo merece ser desarrollado. Recién ahí comienza el proceso de elaboración…

En el estudio u oficina parte la producción, con diseños a computación e impresiones en 3D de los prototipos. Cuando están aprobados pasan al taller, donde tienen todas las herramientas necesarias para hacer literalmente cualquier tipo de cosa. Sierras, alicates, martillos, desatornilladores, entre otros implementos, están colgados en una pared en perfecto –y casi obsesivo– orden. Los detalles finos y los últimos retoques se dan en otra área, con un trabajo minucioso y muy perfeccionista. Una vez listas, las obras se llevan a los lugares de exhibición a la espera de ser mostradas al público.

Sebastián se pasea de un lugar a otro participando de cada etapa de elaboración, tiene que asegurarse de que todo quede perfecto, tal y como lo imaginaba. El diseño y la distribución del lugar fueron pensados precisamente para que él pudiera estar respondiendo un email, revisando un prototipo o atendiendo al curador de un museo a la vez. El mismo reconoce que es un hombre trabajólico y obsesionado por lo que hace, y le gusta estar al tanto de todo lo que pasa.