Lujo y color son palabras que a menudo aparecen al hablar de sus proyectos. También, excentricidad. En los espacios de la interiorista estadounidense no hay límites para las texturas, estampados y estilos. Para ella “vivir sin color es como vivir sin amor”.

No es raro verla con tacos en plena construcción, y su estilo es tan diverso y excéntrico como los lugares que diseña. La interiorista estadounidense Kelly Wearstler es toda una celebridad del interiorismo y su lista de clientes incluye a actores como Cameron Diaz y Ben Stiller, y a cantantes como Gwen Stefani.

Si hablamos de una reina indiscutida del Hollywood Regency, esa es Kelly Wearstler. En los proyectos de la diseñadora no hay límites de estilos, colores, patrones, estampados y texturas. Su carrera abarca distintas disciplinas y categorías del diseño; Wearstler tiene, además de su oficina de interiorismo, su propia línea de iluminación, telas, muebles, azulejos, alfombras y accesorios para la casa. Todo bajo su mismo nombre.

“Supongo que siempre estuvo en mi sangre”, nos cuenta desde Beverly Hills, Los Angeles, donde vive. Su mamá era diseñadora y desde muy chica las llevó a ella y a su hermana mayor a muestras de antigüedades y remates en Carolina del Sur, donde nació. Eso le permitió desarrollar un gusto especial por la moda, el arte, la arquitectura y la escultura. Finalmente, el diseño es “todas mis pasiones combinadas en una profesión increíble”, dice.

A los 18 años se fue a Boston para estudiar en el Massachusetts College of Art, ahí tomó clases de arquitectura y obtuvo su licenciatura en diseño de interiores y gráfico. Luego, hizo una pasantía en la firma de arquitectura Cambridge Seven Associates y con Milton Glaser en Nueva York, uno de los diseñadores gráficos más reconocidos de Estados Unidos (creador de la famosa campaña I Love NY) y cofundador de la revista New York Magazine.

Tiempo después, Wearstler se mudó a Los Ángeles con la esperanza de trabajar en la industria cinematográfica, en las escenografías. Sin embargo, rápidamente se dio cuenta que eso no era la suyo. La restauración de una residencia en California la llevó a otros trabajos y le valió la reputación de una persona a la que le gustan los riesgos y que se caracteriza por transformar los espacios comunes en lugares extraordinarios. Así, abrió su oficina en 1995 y el Hotel Avalon en Beverly Hills fue su primer proyecto. Los hoteles Viceroy a lo largo del mundo le siguieron.

Hoy, tras terminar recientemente el interiorismo del hotel San Francisco Proper, está enfocada en tres hoteles más de la marca, uno en Los Angeles, otro en Austin, Texas, y el tercero en Santa Mónica. Además, tiene varios proyectos residenciales y nuevas colecciones de cada uno de sus productos. Por si fuera poco, entre el año pasado y este, lanzó una línea de chocolates diseñados por ella para la marca Compartés, abrió una tienda de alfombras en Harrods, Londres, y estuvo a cargo del rediseño del mall Westfield Century City en los Angeles.

Su trabajo es inconfundible y ha sido publicado en revistas a lo largo del mundo y premiado en los ranking de Vogue, Time, Architectural Digest, Elle Decor y Wallpaper, entre otras. Además, ha publicado cuatro exitosos libros y participó como juez en el reality show Top Design.

“Mi estética consiste en tomar riesgos, yuxtaponer lo crudo y lo refinado, lo masculino y lo femenino, lo clásico y lo contemporáneo. Me apasiona el color y explorar los usos inteligentes de la materialidad. Me encanta la historia del arte y todas las épocas del diseño. Como artista y diseñadora, quiero educarme constantemente y desafiarme a mí misma. Espero que mi estilo sea un poco difícil de precisar. Mi filosofía, tanto en la vida como en el trabajo, es ser curiosa, tomar riesgos y vivir con pasión”, asegura.

Entre sus mayores influencias está Pierre Cardin, Oscar Niemeyer, Carlo Scarpa, Ettore Sottsass y Louis Kahn, dice. Activa en las redes sociales, como Instagram y Pinterest, comparte abiertamente su estilo de vida, gustos y, a veces, a su familia, su marido Brad Korzen, dueño de una gran empresa de hoteles y bienes raíces, y sus hijos Elliot y Oliver.

Además, no deja de soñar, cuenta que entre los proyectos que le gustaría desarrollar está diseñar el interior de un barco o el de un avión. Y confiesa que, a diferencia de la mayoría de las mujeres cuya debilidad son los zapatos, la de ella son las sillas, las que más de alguna vez ha nombrado como “las joyas de las habitaciones”.

Amarillo con rojo, diferentes tonos de verdes, rayas y cuadriculados, animal print, brillos y metálicos. Su trabajo no podía quedar mejor que en una edición como esta, dedicada al color. “Me encantan todos los colores. El color es poderoso, evoca emociones, es fuerte, sensual, lujoso y dramático. Infunde espíritu a los espacios. Vivir sin color es como vivir sin amor”.

kellywearstler.com